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Podemos y los brotes verdes

18 septiembre, 2015

tomatesecoaceite

Tengo una amiga que cuando me habla de su pequeña y la escolarización alucinada a la que les obliga la ley, me recuerda a ¡PODEMOS!*… El famoso grito de guerra de Parques y Jardines Madrileños durante los años de la poda salvaje de árboles: ¡PODEMOS! ¡PODEMOSLOS TODOS! ¡QUE NO QUEDE UNO ENTERO!

Porque enviar a un peque cada día al cole requiere no solo prepararle un bocata para el recreo; hay que cargar su mochila, mañana tras mañana, de brotes verdes*: la ilusión de ser niño, la curiosidad, el sentido crítico, la confianza en su diferencia, el afán por resolver dudas, la extraña alegría de aprender cosas nuevas…

Y en el cole, en muchos coles, unos profesores sobrexplotados (muchos), impartiendo materias que no dominan (algunos), indolentes (otros) y francamente dogmáticos y decididos a la poda (los malignos) cogen todos esos brotes de carácter de nuestros hijos y efectuan, a diario y a fondo, un desmoche brutal.

El resultado pretende recortar hasta dejar el tronco pelado, libre también de musgos y setas: todos iguales, todos dóciles, todos podados para equipararlos al ideal del mínimo comun**.

Las criaturas acarrean de vuelta en su mochila las ramas cortadas sin dejar que las heridas de la poda se infecten. Y es tarea de los mayores que les quieren (incluso de algún maestro rebelde) pasar todo el tiempo posible curando heridas, eliminando chupones maliciosos implantados en la jornada escolar, tratando los brotes cortados con enzimas enraizadoras y plantandolos a los pies de sus niños-arboles…

Con un poco de suerte, a resultas de los cuidados adultos y de su propia naturaleza alegre y resistente, estas pequeñas criaturas-árbol acabarán siendo, cada una, un bosquecillo sano y adulto.

Y, con más suerte aún, nos darán frutos deliciosos.

*Y no, no hablo de política…
**Ahora sí, hablo de política y políticos.


Semiconserva de verduras rehidratadas en aceite

Verduras secas; tomates (en este caso), setas, zanahorias, cebolla….
Agua
Aceite de oliva
Hierbas y especias; albahaca fresca y pimienta rosa (en este caso), oregano, ajo en polvo, cayena, tomillo….

Una de las maneras para dar salida en la mesa a los tomates secos de este post es semiconservandolos en aceite de oliva. Este mismo proceso es válido para cualquier otra verdura secada previamente en su temporada.

Poner en un cuenco la cantidad de verduras secas que querais rehidratar.

Poner a cocer agua suficiente para cubrirlas.

Cuando el agua hierva, añadirla al cuenco con las verduras. Dejar reposar tapadas durante unos 20 minutos (o el tiempo necesario para que queden tiernas).

Escurrirlas bien (reservando ese agua) y secarlas con un paño limpio o un papel de cocina de manera que queden lo más secas posible.

Poner las veduras rehidratadas en un tupper o tarro de cristal con tapa, acompañadas de las hierbas y/o especias de vuestra elección sin presionar demasiado para que el aceite, que añadiremos a continuación en cantidad suficiente para cubrir las verduras, se pueda meter por todos los recovecos.

Mover un poco, dar unos golpecitos en la base del tarro para que salgan las posibles burbujas de aire, tapar y meter en la parte menos fria de la nevera o en una alacena si es invierno.

Cuanto más tiempo estén en aceite más jugosas quedarán, pero tras un par de días como mínimo, ya se aprecian los sabores de estas verduras secas en aceite aromatizado.Siempre hemos hecho pequeñas cantidades que nos duran un par de semanas, aunque deben conservarse perfectamente al menos un mes siempre y cuando se tenga la precaución de que continuen cubiertas de aceite y en un ambiente fresco y oscuro.

Las utilizaremos picadas en crudo para ensaladas, pizzas, pasta, arroces… picadas en picadora con nata, frutos secos o quesos para hacer patés, las añadiremos a la cocción de salsas, salteados, cremas… las posibilidades son infinitas.

El agua de la rehidratación y el aceite sobrante tras consumir las verduras se aprovechan para cualquier otra preparación que requiera agua o aceite y conseguiremos un resultado más aromático.

Toda una vida

23 septiembre, 2010

Un buen día, hace ya 17 años, descubrí que llevaba aproximadamente un año sin sentarme a la mesa a comer carne.

En su momento esto tenía su aquel, puesto que era ese más o menos el tiempo que llevaba viviendo con mi compañero de entonces (carnivoro declarado) y encargandome de la cocina. No me había fijado, pero durante todo ese tiempo había estado cocinando de manera que el se comía la carnaza y yo me dedicaba a hacerles los honores a las (cada vez más elaboradas) guarniciones vegetales.

Me dio que pensar, claro; y aunque yo no he sido nunca de mucho comer (con una vez al día suelo tener más que suficiente) y mi metabolismo es más lento que un caracol cojo, me propuse hacer una prueba empirica.

Después de una comilona a base de cocido dominguero en casa de mi má, me sentí como las serpientes cuando se tragan un bicho entero… descubrí que si quería llevar una vida social medianamente normal, tenía que dejar de comer carne o mi quehacer tras la ingesta se reduciría a la pachorra propia de un reptil en el polo.

“Lo mismo es que soy vegetariana”, pensé yo entonces. Pues va a ser que si.

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Crema de verduras al cardamomo
Raciones: 6

200 gramos espinacas
200 gramos calabacín
200 gramos berenjena
150 gramos calabaza
150 gramos zanahoria
150 gramos patata
50 gramos mantequilla
200 gramos nata; líquida, O
leche entera
2 cucharaditas curcuma
1 cucharadita cardamomo, molido
sal
sésamo; crudo

Lavar las verduras.
Pelar patatas, zanahorias, calabaza y berenjenas.
Cortar toda la verdura y ponerla a cocer.
Hervir a fuego medio hasta que estén tiernas.
Escurrir por completo (podemos conservar el caldo de verduras resultante)
Pasar por la batidora las verduras hasta que quede un puré muy fino.
Ir añadiendo la mantequilla, la sal y la nata o leche.
Si queda demasiado espeso añadimos un poco del caldo de cocción.
Añadimos la curcuma y el cardamomo.
Probamos y rectificamos de sal y especias.
Una vez al gusto damos un hervor y servimos caliente.
Presentamos decorado con semillas de sésamo tostadas al momento en una sartén sin aceite.

Esta crema es un plato de aprovechamiento, admite cualquier verdura que tengamos en la nevera, salvo aquellas de sabor muy fuerte (como col, apio, coliflor…), el sabor ha de ser suave, la textura firme y el color agradable. Predomina el gusto al cardamomo.