Posts Tagged ‘espinacas’

Las tres cosas

15 marzo, 2014

croquetas
Hay tres cosas que se que no me depara el 2014, porque ya las he hecho antes y el repetirse, como el ajo, tiene su gracia sólo de vez en cuando.

– No plantaré un libro; los plantaré por cientos y en los lugares más insospechados (hacer bookcrossing es lo que tiene)

– No tendré un árbol; tendré varios, y frutales. Y como nuestros estómagos tienen un límite, no estoy por la labor de tener más de lo que podamos comer. (¡Mariano, apúntate esa!)

– No escribiré un hijo; ya fabulaba con ellos cuando era más joven y creía que mejorarían la especie. Ahora que soy más vieja y mas sabia, ya se que la naturaleza sabe lo que se hace (“ Si esto es el material que hay para mejorar la especie… ¡EXTINCIÓN!” Dice, muy acertadamente, la cabrona…)

Pero eso sí… estoy más que dispuesta a tener un libro (otro más) de cabecera, a plantar un hijo en brazos de su madre (o cualquier otro adulto competente) y a escribir árbol en mi próximo post, si la inspiración me lo permite.

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Croquetas vegetas de ajos tiernos, espinacas y huevo.

Un puñado de espinacas frescas
3-4 ajos tiernos
3 huevos
Harina
Leche
Aceite de oliva
Nuez moscada
Sal
Pimienta

Lavar las espinacas y los ajos tiernos.
Poner un huevo a cocer hasta que esté hecho (unos 10 minutos de cocción). Refrescar, pelar, picar y reservar.
Dar un hervor corto a las espinacas (unos 4-5 minutos, lo justo para que suba el color y queden aldentes).
Picar los ajos tiernos en rodajas finas, la parte blanca y la verde hasta donde sea aprovechable (si las puntas de las hojas están algo secas o amarillentas las desecharemos)
En una sartén grande rehogar los ajos tiernos un par de minutos en un poco de aceite de oliva.
Añadir las espinacas cocidas, escurridas y picadas.
Dar un par de vueltas y añadir dos cucharadas colmadas de harina (y un poco más de aceite si es necesario).
Es ahora cuando estamos haciendo la roux para la bechamel, así que toda la harina ha de estar húmeda de aceite, sin nadar en el.
Damos unas vueltas para que la mezcla esté homogénea a fuego muy suave (tostamos la harina a gusto, si queremos una bechamel oscura dejamos que se dore un poco antes de añadir la leche, si la queremos clara empezaremos enseguida a añadir la leche).
Añadimos el primer chorrito de leche y mezclamos totalmente a fuego muy suave; vamos añadiendo pequeñas cantidades de leche mezclando totalmente en cada ocasión. El principio de la bechamel es el paso clave, porque es donde se pueden hacer grumos, así que sin prisa y a fuego suave.
Cuando ya veamos que podemos manejarnos con más cantidad de leche subimos a fuego medio y añadimos leche más generosamente hasta llegar a la consistencia de bechamel croquetera ( la más densa si la comparamos con la de napar los, por ejemplo, canelones).
Dejamos cocer un par de minutos y añadimos el huevo picado, un poquito de nuez moscada, sal y pimienta removiendo bien para que quede homogénea.
Sacar la sartén del fuego y dejar templar (nunca tapada, porque “suda”, como mucho con un paño fino por encima).
Preparar un plato con harina, otro con pan rallado y un cuenco con dos huevos batidos.
Dar forma a las croquetas con las manos y pasarlas por harina, huevo y pan rallado en ese orden.
Freír en abundante aceite caliente.

Con estas cantidades salen unas 30-35 croquetas de bocado, la mitad si lo que os gusta son las megacroquetas.

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La belleza

17 mayo, 2012

La belleza surge cuando la forma se adecúa a la función, decía uno de mis profes de diseño (ese si que era un bellezón, por cierto).
Y yo, en general, estoy de acuerdo. Pero sólo cuando miro el lado práctico de la vida, lo que es casi patológicamente habitual en mi.

Pero a veces, las menos, la belleza también surge porque sí. Generalmente, en esos casos, está en los ojos con que se mira:
Puede residir en uno de esos verdes imposibles que sólo se ven en La Cumbre de Gran Canaria tras la lluvia (tan brillante que duele), en una mirada lasciva en el momento adecuado (de esas en las que se puede freir un huevo de puro calientes), en las carcajadas que no se pueden contener, en las madrugadas insomnes gracias a un libro que te engancha, en los proyectos vitales que, salgan o no bien, nos enseñan un montón de cosas…

Surja de donde surja,la belleza es una de esas cosas que hacen que la vida resulte sabrosa y que esperemos ansiosos el siguiente bocado. Una de esas cosas que hacen que lo demás valga la pena, aunque se comporte, la mayoría de las veces, como una zorra esquiva.

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Frittata con puerro y pesto de espinacas

Raciones:4 pinchos

2 patatas medianas
2 puerros
5 huevos M
Sal
Pimienta
aceite

Para el pesto:
Un puñado de hojas de espinaca frescas
Media taza de almendras crudas
Media taza de queso rallado
Ajo al gusto
Aceite de oliva
Sal

Pelar, lavar y cortar la patata como para tortilla.
Lavar y cortar el puerro en mirepoix (cuadrados irregulares de aprox 1,5-2 cm de lado).
Cocer la patata y el puerro en agua con sal durante 5 minutos a fuego vivo.
Escurrir y reservar.
Batir los huevos y añadir las verduras escurridas, la sal y la pimienta.
En una sartén u olla que se pueda meter al horno, añadimos un poco de aceite y vertemos la mezcla.
Mientras tanto poner a precalentar el horno a 200 grados.
Dejar a fuego suave la frittata hasta que 3/4 estén cuajados.
Pasar la sartén al horno sin darle la vuelta a la frittata, hasta que la superficie esté cuajada y dorada.

Pesto de espinacas:
Mientras la frittata cuaja poner en la batidora todos los ingredientes del pesto y batir hasta conseguir una crema suave que serviremos de acompañamiento.

La frittata es una variante muy suave de la tortilla de patatas (aunque en este caso hemos añadido también puerro), con la particularidad de que no hay que freír la patata y contiene mucho menos aceite.

Días de frío

17 febrero, 2011

En estos días de invierno social, no distingo entre Karl y Groucho, pero me divierte la acción.

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Ensalada de invierno
Raciones: 2

Espinacas frescas
Una naranja
Nueces peladas
Sésamo crudo, una cucharada sopera
Aceite de oliva virgen
Vinagre de módena
Sal
Pimienta

Lavar bien y escurrir las hojas de espinacas desechando los tallos. Cortarlas en juliana fina.
Pelar la naranja y cortarla en cuadrados pequeños, reservar el jugo que suelta al cortarla.
Romper entre las manos las nueces peladas para que queden trozos toscos.
En una sartén sin aceite, tostar el sésamo.
Mezclar en una ensaladera estos ingredientes y aliñar con el jugo de la naranja, un chorro de aceite, un chorro generoso de vinagre de módena. sal y pimienta.

Pequeñas diferencias

9 agosto, 2010

La diferencia entre la mentira y la ficción es escurridiza.

Ficción es la historia de tú vida que le cuentas a un perfecto desconocido en un tren (¿porqué no fabular con ser otro?), las cosas que cuentas en un medio como este (maquillando el mundo, inventando tu personaje, pequeños cuentos basados en la vida real), las películas que te cuentas en la duermevela y que te dan vidilla (todo irá bien, todo irá bien). Y el amor romántico; sublime ficción creada a cuatro (o seis u ocho…) manos, una categoría nueva de fábula (con moraleja incluida) que consiste en desplazar el eje fuera de nosotros e inventar una razón para vivir que es mucho más que la suma de sus partes.

La mentira es más sinvergüenza, mas evidente; es lo que uno le cuenta a su jefe cuando llega tarde al curro (se nos han pegado las sábanas) y le contamos una rocambolesca historia de trenes detenidos en medio de la nada, de pinchazos en la bici, de neveras que se paran y no dejan de escupir agua deshelada. Es lo que le cuentas a tu pareja cuando te pregunta, con ojillos brillantes “¿En que piensas, querida?” y tú, por no desgranar el caótico guión que teje tu cabeza y que es tan informe y real como el humo del cigarrillo de después, devuelves su mirada, sonríes y dices… “En nada”. O lo que dices a tus padres cuando llegas de mañana a casa, con 17 años, (los churros del desayuno recién comprados para disimular) y aún medio bolinga y les cuentas que es que la cena árabe de ayer te ha sentado mal.

En nuestro descargo diré que, en ambos casos, nuestros interlocutores son conscientes del engaño y nos siguen el juego porque todos jugamos a lo mismo.

Y luego está la realidad, pero ¿quién quiere hacerle caso?

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Fatayer de espinacas
Raciones: 8-aperitivo

250 gramos harina
50 gramos mantequilla
1 sobre levadura; en polvo
250 gramos espinacas
250 gramos de calabacín
1 cebolla; pequeña
2 cucharadas soperas piñones
agua
aceite de oliva
sal
pimienta

Amasamos la harina con dos cucharadas de aceite, la levadura, la mantequilla blanda y 100 ml de agua (aproximadamente), hasta conseguir una masa elástica. Dejamos reposar durante 1 hora.
Lavamos y cortamos las espinacas, rallamos el calabacín, pelamos y troceamos la cebolla y lo salteamos todo en una sartén con un chorreón de aceite.
Agregamos los piñones, salpimentamos al gusto, removemos y dejamos cocer durante 3 o 4 minutos más.
Extendemos la masa, dándole unos 5 mm de espesor, cortamos círculos de unos 4 o 5 centímetros con la ayuda de un vaso o cortapastas.
Vamos poniendo cucharadas de relleno sobre cada uno de los círculos. Moldearemos la pasta con los dedos formando una especie de tricornio.
Precalentamos el horno a 200ºC
Ponemos un trozo de papel de horno sobre una bandeja y colocamos los fatayer cuidadosamente, horneamos durante unos 20 minutos.
Serviremos todavía calientes.
Los fatayer de espinacas se consideran mezzeh “entrantes o aperitivos”, por lo que lo ideal es que vayan de unos cuantos con rellenos distintos.