Posts Tagged ‘Cebolla’

La canción del okupa

6 enero, 2014

Imagen

 

Mi amigo imaginario @quenoceda, aprovechando que la @ObraSocialMad celebra el día de reyes con una okupación más que simbólica quiere dedicar su poema (fusilado de la “Canción del pirata”) a todas esas personas que, pública y notoriamente o de manera callada pero efectiva, han dejado lo de llorar para cuando pican cebolla y, armados de ganzúas, colegas de apoyo y planificación, desafían al sistema.

Y ganan, porque cada okupación, independientemente de su duración o resultado, ya es una victoria frente a piratas malvados de traje y corbata.

 

 LA CANCIÓN DEL OKUPA

QUENOCEDA

 

Con cien ganzúas por bankia,

a tomar viento el sistema,

con tensor y sin palanca,

no hay puerta que no nos tema;

gente sin casa nos llama

para abrir alguna puerta

que esa casa está ya muerta

y cerrada, ¡nos reclama!.

 

La luna nueva, aliada

de aquestas vicisitudes

matizará, no lo dudes,

el ruidito de los pines;

y ven, colegas okupas,

paseando por el barrio,

que es tranquilo el escenario;

puedo usar sacabonbines.

 

– Rastrilla más, compañero,

sin temor

que no hay enemigo fiero,

ni vecino o securata

que nos vaya a dar la lata,

ni nos afloje el tensor.

 

Veinte casas

hemos hecho

a despecho

de Botín

y han rendido

esos mamones

cien daciones

porque sí.

 

Que es mi casa mi tesoro,

volver me da libertad.

Mi ley: ganzúa y esfuerzo.

Mi derecho: ¡el okupar!

 

Vienen ya, como es normal,

los maderos,

con su manejo brutal

amedrentando a los míos

con absurdos desvaríos

de su ley de dos raseros

 

Y no hay puerta

sea cualquiera

ni ventana

con cristal

que no sienta

simpatía

y no se deje

forzar.

 

Que es mi casa mi tesoro,

volver me da libertad.

Mi ley: ganzúa y esfuerzo

Mi obligación: ¡okupar!

 

A la voz de ¡Poli viene!

es de ver

como huyo y el obtiene

una paseante fingida;

ni apropiación indebida,

ni multa a la que temer.

 

Tras la entrada

yo divido

lo okupado

por igual;

solo quiero,

por derecho,

otro techo

que okupar.

 

Que es mi casa mi tesoro,

volver me da libertad.

Mi ley: ganzúa y esfuerzo.

Mi derecho: ¡el okupar!

 

¡Sentenciado estoy a muerte!

Yo me río:

en la casa me hago fuerte

y al mismo que hoy especula

matará un día la gula

en una celda, confío.

 

Si me pillan

¿que me importa?

me conforta

retomar

para todos

los derechos

que nos quieren expropiar.

 

Que es mi casa mi tesoro,

volver me da libertad.

Mi ley: ganzúa y esfuerzo.

Mi vocación: ¡okupar!

 

No hay música mejor

que los lemas,

el estrépito y clamor

de vecinos cabreados,

¡ni por los polis cercados

se sienten antisistemas!.

 

Y del grito

al descontento

del ¡Disiento!

al actuar,

hoy okupo

relajado,

apoyado

y sin forzar.

 

Que es mi casa mi tesoro,

volver me da libertad.

Mi ley: ganzúa y esfuerzo

Mi alegría: ¡el okupar!

 

——————————

 

Tortilla picante de cebolla

4 raciones

 

4 cebollas medianas

6 huevos

1 cucharada sopera de jengibre fresco picado

2 dientes de ajo

1 cucharada sopera de pimienta rosa

sal

aceite

 

Cortar las cebollas en juliana fina.

Picar en brunoise los ajos y el jengibre pelados y limpios.

En una sartén con un chorrito de aceite, pocharlo todo a fuego muy lento removiendo de vez en cuando durante, más o menos media hora. La cebolla ha de quedar completamente caída, muy blandita, y la casa impregnada del particular olor de la cebolla, el ajo y el jengibre.

Sacar el relleno y dejarlo en un colador escurriendo el posible exceso de aceite mientras continuamos,

Batir los huevos para tortilla.

Machacar en un mortero la pimienta con la sal (si usáis otra pimienta más picante controlar las cantidades a gusto)

Añadir el relleno escurrido al huevo y salpimentar mezclando bien.

Cuajar el resultado en una sartén antiadherente con una pizca de aceite.

 

Servir acompañado de una buena ensalada verde aliñada solo con aceite y sal, para que nada enmascare los particulares aromas del jengibre y la pimienta, los cuales convierten esta tortilla en algo muy diferente de la típica tortilla española, más dulce y picante y con una textura diferente

Momentos íntimos

13 diciembre, 2011

Tengo unos amigos que se conocieron por internet y que tras intercambiar una serie de correos acabaron viviendo juntos y criando a su (hasta ahora) primer hijo. Nada raro en los tiempos que corren, en los que, como dice Ortega, “Hay quien ha venido al mundo para amar a una sola mujer y, consecuentemente, no es probable que tropiece con ella”; Sí, señores, hay que buscar hasta debajo de las piedras y cruzar los dedos para que la persona elegida no nos de calabazas.

Me cuenta mi jefe que sus padres se conocieron así, pero en la versión 1.0. Ella, telegrafista en un pueblo de la sierra peruana, el telegrafista en medio de la selva. Años de correspondencia minimalista por cuenta de Correos y Telégrafos fueron suficiente para que sin llegar aún a verse, el le escribiera algo así como “… . –.- ..- . -. — -. — … -.-. — -. — -.-. . — — … –..– -.-. …. — .-.. .- –..– .–. . .-. — — . …. . . -. .- — — .-. .- -.. — -.. . – .. .-.-.- … – — .–. .-.-.- –.- ..- .. . .-. . … -.-. .- … .- .-. – . -.-. — -. — .. –. — ..–.. … – — .–. “ A lo que ella, sin dudar un instante le respondió algo como “-.-. .-.. .- .-. — –.- ..- . … .. .-.-.- … – — .–. .-.-.- -. — — . .. — .–. — .-. – .- -.-. — — — … . .- … –..– -. — … -.-. — -. — -.-. . — — … .-.. — … ..- ..-. .. -.-. .. . -. – . .–. .- .-. .- … .- -… . .-. –.- ..- . …- .- — — … .- … . .-. ..-. . .-.. .. -.-. . … .-.-.- … – — .–. “

Aquello fue una afortunada heroicidad por ambas partes, sobre todo teniendo en cuenta que el señor telegrafista no era nada agraciado, precisamente. Sin embargo la cosa salió bien y criaron juntos a unos cuantos chiquillos.

No puedo evitar pensar en los momentos de intimidad compartida a la hora de la comida entre esos dos padres, rodeados de sus pequeños e intercambiando comentarios picarones a golpe de cubierto sobre la mesa o haciéndolos pasar por un movimiento nervioso de piernas durante la misa del domingo…

—————————–

Crema caramelizada de calabaza

Raciones: 4

600 gr de calabaza, limpia y sin pepitas
1 cebolla grande
1 zanahoria
1 diente de ajo
1 patata grande
Aceite de oliva
Medio litro de caldo de verduras
sal
pimienta
Guarnición: pipas de calabaza tostadas y peladas o semillas de sésamo o de amapola

Picar la verduras en daditos, salvo la cebolla que se cortará en juliana.
Pochar a fuego muy lento en abundante aceite la cebolla, los ajos y la zanahoria removiendo de cuando en cuando para que se caramelice sin tostarse, durante unos 20-25 minutos.
Quitar el exceso de aceite y subir el fuego.
Añadir la calabaza y la patata, remover un par de minutos y cubrir con el caldo.
Hervir unos 20 minutos a fuego medio.
Triturar quitando antes el exceso de caldo y añadiendo después el que haga falta hasta llegar a la consistencia deseada.
Salpimentar ligeramente, esta crema tiene un sabor levemente dulce que hay que evitar ahogar.
Servir con la guarnición por encima.

Si el amor es la respuesta…

14 febrero, 2011


Amar es no tener que decir nunca “lo siento”.
Contigo pan y cebolla.
Ama y haz lo que quieras.
Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.
Si Amas algo déjalo libre, si regresa es porque es tuyo, si no, nunca lo fue.
Quien bien te quiere te hará llorar.
Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor.
.
.
.
Y cientos de clichés más, la red está llena de palabras de amor prestadas.

Pero yo insisto en la frase que más me gusta; Si el amor es la respuesta… ¿puedes repetir la pregunta? (y supongo que la pregunta viene a ser algo así como… ¿qué narices se celebra hoy, con tanto corazoncito en forma de culo estilizado, tanto rojo y dorado, tantos ramos de flores, tanta sobredosis de azúcar?)

———————-

Basmati con curry de cebollas.
Raciones: 4

Arroz basmati: 1 vaso
Agua: un vaso y medio
Una cebolla
Un vaso de nata líquida ligera o leche de coco
Aceite
sal
Una cucharadita de curry picante.

Limpiar y cortar la cebolla en juliana.
Ponerla a pochar a fuego medio-bajo, tapada, en una sartén honda con un poco de aceite. Salar ligeramente y remover de vez en cuando para evitar que se dore hasta que quede blanda y casi cocida.
Añadir el curry, mezclandolo bien con la cebolla y añadir la nata o leche de coco. Reducir a fuego suave mientras preparamos el arroz.
Lavar el basmati con agua fresca y la ayuda de un colador hasta que el agua salga limpia. Dejar escurrir.
Mientras el arroz escurre, poner al fuego una olla pequeña con un chorrito de aceite.
Añadir el arroz cuando el aceite esté caliente y darle unas vueltas para encamisarlo y que no suelte el resto del almidón mientras se cocina.
Añadir el vaso y medio de agua y un poco de sal, llevarlo a ebullición y dejarlo cocer a fuego suave, tapado y sin moverlo durante unos 12- 15 minutos, hasta que el agua se haya evaporado por completo.
Apagar el fuego del arroz y dejarlo reposar, tapado, un par de minutos más.
Apagar también en fuego del curry de cebollas y emplatar.

Se puede acompañar con nan, o con papads (unas tortas finas y crujientes de harina de lentejas, que se encuentran facilmente en los supermercados arabes o hindús)

Mon Côte Punk

25 diciembre, 2010


Se dice que no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos… supongo que es lo que piensan quienes dirigen nuestros destinos cuando desprecian nuestro intelecto y nos la intentan meter doblada, una y otra vez; pero claro, es que los innombrables son los nuestros.

Pero se equivocan, señores, eso duele; y nuestro umbral de dolor está llegando a su límite. Cada vez somos más los que nos regocijamos pensando en los remordimientos que no tendremos.

Atención, que estamos entrenandonos para ser malos: es que Papa Noel nos ha dejado un lado punk que estamos deseando estrenar.

———————

Tortilla de patatas sin huevo

2 patatas medianas
media cebolla
1 puerro, la parte blanca
aceite de oliva
8 pimientos de piquillo asados
margarina
sal
pimienta

Cocer las patatas limpias y enteras (con piel) en agua con sal hasta que estén tiernas.
Refrescarlas, pelarlas y rallarlas para que quede un puré tosco.
Se puede seguir haciendo la tortilla entonces, pero liga mejor si dejamos este puré enfriando en la nevera de un día para otro.
Picar finamente la cebolla y el puerro.
Ponerlos en una sartén con un chorrito de aceite a fuego medio-bajo hasta que se pochen.
Escurrir los pimientos y trocearlos.
Añadirlos a la sartén y darles una vuelta.
En un bol, salpimentar el puré de patata y añadirle el contenido de la sartén lo más escurrido posible.
Mezclar bien para que quede homogéneo.
En una sartén limpia ponemos una cucharadita de margarina y cuando esté derretida y repartida por toda la superficie añadimos la mezcla de patata.
Nos ayudamos de una cuchara para presionar la masa y que coja la forma de la sartén.
Cocemos a fuego medio durante 5-10 minutos.
Le damos la vuelta con la ayuda de un plato, añadiendo otra cucharadita de margarina antes de voltearla.
Cocemos otros 5-10 minutos hasta que esté dorada.

Esta es una de las muchas maneras de hacer una tortilla de patata sin huevo; el sabor es distinto a la tortilla de huevo (hay otras maneras de hacerla que se parecen más en sabor) pero a cambio, tiene muchísima menos grasa, al utilizar patata cocida.

Sopasana, mi preferida!!!

1 diciembre, 2010

Hace ya muchos años que fui a Canadá, y como viajé allí para convertirme en profesora de yoga Sivananda, mis recuerdos de ese país están plagados de historias hindús: el Mahábharata eterno escuchado en postura de loto (cambiando el cruce cada hora más o menos, para que no se gangrenaran las piernas…), las ardillas que se comían las ofrendas a Ganesha durante la meditación, las āsanas inverosímiles por fin conseguidas y mantenidas, esas lluvias interminables que hacían que las ranas salieran de su estanque y se colaran en las tiendas de campaña (irremisiblemente inundadas), todas esas horas y horas de hatha yoga, karma yoga, prāṇāyāma, bhakti yoga… 30 días, 24 horas al día practicando…

El verano canadiense es corto e intenso y fresco; yo, que soy más bien friolera y me despierto en cuanto sale el sol (maldito sol del julio canadiense que sale a las cuatro y pico de la mañana) a mediodía estaba ya que no me tenía en pie, muerta de sueño y cuajada de frío. Lo que me salvaba era la hora de la comida; mi karma yoga era servir la comida a mis compañeros y eso mitigaba mi sensación de frío… yo era la chica de la sopa. Benditas ollas enormes llenas de sopas, cremas y purés calientes, me daban la vida.

Vale que también elegía ese puesto porque “sopa” era lo único que sabía decir en 4 idiomas. Recuerdo las caras de alguno de los guiris cuando me preguntaban por los ingredientes (en alemán o ingles, las dos lenguas en las que sólo conozco lo suficiente para poder decirles que no hablo su idioma), yo sonreía y decía muy convencida “vegetable soup”… Muy bien chavala, te has cubierto de gloria, ¡como si no fuéramos a pasar un mes en régimen vegetariano estricto!

————-

Sopa de cebolla
Raciones: 4

2 cebolla; en juliana, mediana
aceite o mantequilla
750 mililitros agua o caldo blanco
4 rebanadas pan tostado
100 gramos queso
sal
azafrán
pimienta negra; molida

Cortar la cebolla en juliana, pocharla en mantequilla o aceite.
Escurrir el exceso de grasa.
Añadir el caldo de ternera, ave, vegetal o agua y hervir durante 20 minutos a fuego medio.
Añadir la sal y las especias.
Servir en cazuela de barro terminandola, al momento de servirla, con unas rebanadas de pan tostado con queso rallado emental (o gruyere, parmesano, curado de oveja, rulo de cabra…) y gratinándolo.

La tia Pepa

17 julio, 2010

Mi abuela era una de esas de antes de la guerra, hecha para durar. Desde que tengo memoria la recuerdo afilando el cuchillo que usaba para cortar las patatas (un cuchillo que ya casi no tenía hoja y que cortaba como una frase hiriente).

Se pasaba horas y horas cocinando, siempre con muy pocos ingredientes (hacía unos guisos y caldos a fuego lento que eran casi pecado); pero era una mujer de pueblo y lo mismo recogía los huevos del gallinero como sabía la hora por el sol o mataba un conejo con ese mismo cuchillo con una destreza propia de los cuerpos de élite.

Era de pocas palabras y lloraba como si fuera la última vez que se despedía de nosotros todos los finales de verano. Pero también era la que nos decía, sonriendo burlona, que se nos iban a salir las tripas por la herida cada vez que nos curaba una magulladura y, claro, así no había manera de chantajearla para que nos mimara….

Disfrutaba mucho con sus nietos. A tu salud abuela.

_______________________________

Col  a la leonesa

Col blanca
Cebolla
Aceite de oliva
Pan
Pimentón
Sal
Ajo (opcional)

Cortar la col y la cebolla (más o menos el mismo peso de una como de otra) en juliana fina y picar el ajo.
Cocer la col con un trozo de pan, para evitar los olores molestos, hasta que esté tierna.
Quitar el pan y escurrir por completo.
Rehogar el ajo y añadir la cebolla pochándolo todo a fuego suave en un poco de aceite.
Añadir la col y rehogar.
Añadir la sal y el pimentón y dar una vuelta, evitando que el pimentón se queme.
Puede servir de primer plato o como guarnición de carnes.