Posts Tagged ‘azúcar’

El deseo platónico

8 febrero, 2016

mermeladaDePimientoVerde

 

Se habla a menudo del amor platónico y desinteresado, de los argumentos azucarados ad nauseam que lo legitiman… pero el deseo sostenido y no resuelto tiene muchísima más miga; a poco que una se lo proponga de manera cabal, esa comezón constante se transforma a diario en gestos, decisiones y acciones potentes y constructivas.

Desde luego duele un poco; lo justo para que el pulso acelerado se convierta en una fiesta, para que las miradas ardientes nos calienten en los fríos días del invierno social y que las pocas palabras basten para el buen entendedor. Pero ¿Quién no disfrutaría del dolorcillo justo que hace que todo se mueva por dentro? ¿Quién no aprovecharía toda esa energía potencial para hacer, decir y pensar sobre los asuntos pendientes, esos que nunca se abordan? ¿Quién se quedaría sin bailar frente a ese cierto ritmillo interior?

Aprovechemoslo mientras dure.

Puede acabar desapareciendo por si solo o puede saciarse transformandose en un ciclo alegre de deseo-satisfacción.

Pero esa es otra historia, y ha de ser contada en otro momento.

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Mermelada de pimientos verdes

400 gr. de pimientos verdes
200 gr. de azúcar moreno
100 gr. de vinagre de módena
50 gr. de agua
 
Lavar y limpiar de pepitas los pimientos y picarlos en trocitos pequeños.
Ponerlos en una olla junto con el azúcar, el vinagre y el agua.
Cocer a fuego muy lento durante unos 30 minutos.
Dar un golpe de batidora, solo unos momentos si nos gustan los trocitos o a fondo hasta que quede completamente triturado si no.
Ponerlo sobre el fuego muy lento otra vez y seguir removiendo hasta que quede una mermelada con el espesor que nos guste, aproximadamente otros quince minutos.
Esperar a que enfrie si lo vamos a comer sobre la marcha o envasar en caliente, en tarros esterilizados, si queremos hacer conservas.
Es un gran complemento para quesos y un acompañamiento adecuado para carnes a la plancha por su sabor picante. Esta misma receta es válida para pimiento rojo, aunque el resultado será más dulce y meloso.

 

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Elogio de las mujeres pequeñas

12 julio, 2012

El Arcipreste de Hita dice que las mujeres pequeñas somos mejores; más ardientes, mas dulces, mas complacientes… también dice que tenemos poco seso (en consonancia con nuestra talla), que nuestra actitud picante ante el amor y el sexo es como un patio de recreo para los hombres y que somos mejores que las grandes porque es mejor tomar en pequeñas cantidades todo lo que sea malo (y las mujeres lo somos per se).

Siendo además rubia, con todos esos estereotipos que equiparan el cociente intelectual con el color de pelo, a menudo tengo la sensación de tener el camuflaje perfecto… bueno, qué puedo decir, soy pequeña y rubia.

Tú sigue mirando esa máscara y no te fijes en nada más. Eso me conviene en ocasiones, no deja de ser una ventaja que, en realidad, no tengas ni idea de con quien estás tratando.

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Chupacherrys

12 tomates cherry
12 brochetas
6 cucharadas soperas de azúcar
2 cucharadas soperas de agua
Sal
Pimienta

Lavar, quitar el pedúnculo verde de los tomates y secarlos bien.
Insertarlos por el nacimiento del pedúnculo en brochetas de madera sin llegar a atravesarlos, para que queden como un chupachups.
Reservar.
Mezclar sal y pimienta molida en un recipiente pequeño. Reservar.
En un cazo de color claro (para poder apreciar el cambio de color) poner el azúcar y el agua al fuego.
Calentar hasta que hierva y bajar el fuego para poder controlar el punto del caramelo fácilmente.
Remover con un utensilio de madera y continuar el hervor hasta que el azúcar empiece a caramelizarse (cambia de color y empieza a tostarse)
Sumergir los tomates en el caramelo cubriéndolos por completo hasta llegar al principio del palo, de manera que queden cubiertos de una película uniforme de caramelo.
Rápidamente, sacarlos del azúcar, dejar que escurra el sobrante y tocar con la punta la mezcla de sal y pimienta antes de que el caramelo se solidifique.
Colocar las brochetas pinchadas en un recipiente con sal, para que se solidifique el caramelo evitando que se peguen entre si.
Repetir la operación con todas las brochetas mientras se mantiene el fuego al mínimo para que el caramelo no se tueste en exceso.

El resultado son unos bonitos chupachups de tomate, sorprendentes por su mezcla de texturas y sabores; crujientes por fuera, tiernos por dentro, salados, ligeramente ácidos por el tomate, dulces por el azúcar y picantes por la pimienta.

Masoquismo de salón

26 agosto, 2011

Tenia el don de conseguir que algo pareciera una estupidez sólo por la manera en que lo escuchaba: te clavaba toda su atención sin siquiera levantar una ceja cuando veía que no podías parar tu lengua. Y esperaba, paciente, hasta que le habías contado tus más íntimos secretos.

Era escalofriante.

Y no falté ni a una sola de mis citas con él.

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Mermelada de tomate

1 kilo de pulpa de tomates maduros
500 gramos de azúcar
zumo de un limón
20 clavos de especia

Pelar los tomates escaldandolos en agua hirviendo durante 30 segundos (si antes de escaldarlos se les hace un corte superficial en forma de cruz este trabajo es mucho más sencillo)
Córtalos por la mitad y retirar las semillas.
Trocearlos y depositar la pulpa de los tomates en un recipiente grande.
Espolvorear con el azúcar y regar con el zumo de limón.
Déjarlo reposar en el frigorífico durante 12 horas.
Añadir el clavo y ponerlo en una cazuela en el fuego, cociendo lentamente durante una hora y removiendo con una cuchara de madera.
Retirar los clavos.
Darle un golpe de batidora de manera que los trozos no se desagan del todo, sólo para que el almibar coja consistencia.
Poner en frascos esterilizados y hacerles el vacío cociendolos al baño maria durante 30 minutos.
Enfriar, etiquetar y guardar en la despensa.

¿Quién no?

21 noviembre, 2010

¿Quién no ha utilizado alguna vez una taza como cenicero, un lápiz de labios para escribir en un espejo, una revista para calzar la mesa?

¿Quién de nosotros no ha usado nunca un billete de metro para hacer un filtro, un libro para guardar hojas o flores, una cita inexistente para escapar de una visita inesperada?

¿Quién no se ha equivocado alguna vez cogiéndole la mano a un desconocido entre la multitud, revelando un secreto que nos contaron como si no lo fuera, “blasfemando” delante de un creyente?

¿Quién, decidme, no ha sacado alguna vez las cosas de su contexto habitual y ha descubierto maravillas?

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Bizcochitos de patata
Raciones: 30

480 gramos patatas; peladas y cocidas
300 gramos azúcar
3 huevos
azúcar vainillada
harina
papel de arroz o de patata

Pelar y cocer las patatas.
Escurrirlas y hacerlas puré con un tenedor o con el pasapurés.
Añadir el azúcar y el azúcar vainillada y mezclar bien.
Separar las claras de la yema.
Cuando la mezcla esté templada, añadir las yemas y mezclar bien de manera que quede una masa suave.
Batir las claras a punto de nieve y añadirlas a la mezcla anterior, mezclando sin batir para que las claras no bajen. El resultado es una masa ligera, tipo mousse.
Espolvorear una placa de horno con harina (o usar una lámina antiadherente en el fondo de la placa), cortar el papel de patata o arroz al tamaño deseado y colocar los trozos en el fondo de la placa.
Precalentar el horno a 180 º.
Con una cuchara o a manga, repartir la mezcla sobre cada papel comestible dándole la forma deseada, quedarán galletas si ponemos una porción redondeada o bizcochos si las hacemos alargadas.
Hornear durante 20-25 min, hasta que empiecen a dorarse por los bordes.
Sacar del horno, dejar enfriar un par de minutos y sacarlos a una rejilla para que acaben de enfriar.
Cuando estén completamente fríos recortar el papel sobrante de la base y servir.

Podemos decorarlos con mermelada mientras aún estén calientes.
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He modificado la receta, en cuanto a tiempo y temperatura de horno, pues al usar un horno más potente de lo habitual (y mejor, todo hay que decirlo) quedaban demasiado tostados. El punto ideal es cuando los bordes de los bizcochos se doran ligeramente; de esta manera nos quedan unos bizcochitos húmedos, tipo soletilla.