Archive for the ‘repostería’ Category

La Gran Concha y los 15 Milanos: un cuento para iniciados

10 octubre, 2012

Un buen día los milanos, hartos ya de sobrevolar el mundo contemplando la barbarie propiciada en tierra por la famosa “ley de la selva”, decidieron juntarse para intentar cambiar el mundo (ellos hasta entonces tan independientes, tan orgullosos de las cualidades que les hacían únicos).

No eran muchos, es cierto, y estaban en franca minoria respecto a la gran cantidad de especies distintas que forman la biodiversidad; pero, se dijeron, hoy somos los milanos, mañana nos juntaremos con las garzas, los pinzones, el resto de las aves… y algún día, si todo va bien, convenceremos a otras especies, terrestres, voladoras y acuaticas de que comer y ser comido no es la única manera de subsistir.

Se unieron en asambleas voladoras, intensos debates que transcurrian en pleno vuelo, siempre en movimiento, sin ningún sitio en el que pudieran posarse con tranquilidad para debatir la simbiosis, la cooperación y otras formas de vivir alternativas.

Llegaron a grandes acuerdos y con ellos fueron despertando las conciencias de individuos de otras especies, que poco a poco, fueron sumandose a la causa común; incluso especies con sus mismos anhelos y que hasta entonces habían permanecido en la “clandestinidad” que propicia la amistad entre individuos afines. Así los osos, los gatos, las salamandras y otras muchas especies se encontraron juntos caminado hacia los mismos objetivos.

Todo parecía ir bien, cada grupo tenía sus reuniones en los cubiles propios de su especie. Pero los milanos seguían sin poder posarse en lugar seguro por miedo a la oposición de muchas especies agresivas. Hasta que los caracoles se unieron a la causa común…

– Nosotros nos juntaremos y como buenos moluscos gasteropodos- dijeron- crearemos una gran concha común donde cualquier especie será bienvenida y donde vosotros, oh milanos, podreis tener un refugio para debatir y crear un mundo nuevo cuando el viento os sople en contra y no os permita volar. Juntos podemos construirlo: otras especies puede aportar ramas y piedrecitas que nosotros uniremos con nuestro cemento natural.

Como en cualquier agrupación hay individuos de todo tipo y entre los gasteropodos no va a ser menos; había alguno con muy mala baba, reconozcamoslo. Pero eran trabajadores y conocian el oficio de hacer casas. Así que se pusieron a la tarea junto con muchas otras especies.

En todas las especies sucedía lo mismo; Cabe destacar el caso de los milanos que, con su larga vista, su capacidad de sobrevolar el mundo y los agudos gritos con los que se comunican a largas distancias, avanzaban en la causa común rápidamente. Pero tambien tenian entre sus bandadas una familia disidente, los Rostrhamus Sociabilis (a los que comunmente conocemos como Milanos Caracoleros), que pese a hacer enormes esfuerzos en un principio, no podían negar su naturaleza de grandes comedores de caracoles.

Esos pocos Milanos Caracoleros (recordemos que pertenecen a una especie en extinción de los que apenas quedan unas 400 parejas en el mundo) acechaban a los constructores; inicialmente de manera casi involuntaria, pero cada vez más decididos cuando su futura cena se refugiaba en su concha o resbalaba cuestaabajo (al más puro estilo surfista) sobre su propia baba, para evitar convertirse en el plato principal.

La escalada de acecho y huida se convirtió en masacre:

Los milanos caracoleros que habían sobrevivido a las estrategias de los caracoles para dejarles sin comer, intentaron lanzar una última ofensiva contra la Gran Concha común, donde los gasteropodos, también diezmados debido a la voracidad de las aves, intentaban refugiarse doblando la protección de su concha natural con las paredes creadas por todas las especies implicadas en el pro-común.

El resultado del cerco a la Gran Concha se recuerda como una leyenda. Hay quien dice que las especies implicadas en la construcción defendieron con garras y dientes el refugio y a los constructores, otros dicen que hubo mediaciones y tributos a los milanos, incluso hay quien afirma (y dicen saberlo de buena tinta) que la algarabia fue aprovechada por las especies opositoras más agresivas (con la complicidad de otras que aún eran presas del miedo a la “ley de la selva”) para zamparse a los individuos y destruir cualquier atisbo de unión inter-especifica. No está nada claro, porque los 15 Milanos supervivientes perdieron, en la rellerta, la capacidad de comunicarse con otras especies y la Gran Concha desde entonces permanece oscura y vacía, probablemete deshabitada.

Aunque nadie ha revisado aún todos sus sótanos, en los cuales, algunos afirman que aún sobrevive un tenaz grupo de caracoles…

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Pastel de zanahoria y coco

3 bases de tarta, bizcocho casero cortado en láminas o bollos suizos, pan de leche….
1000 g de zanahorias
100 g de azúcar
150 g de coco rallado

Para emborrachar
100 g de brandy, coñac o el licor que nos guste (con o sin alcohol, para los peques)
100g de agua
2 cucharadas soperas de azúcar

En primer lugar ponemos a cocer las zanahorias en agua.
Mezclamos el brandy, el agua y el azúcar removiendo hasta que el azúcar se disuelva. Reservar.
Cuando estén cocidas, escurridas y templadas, añadir el azúcar y se tritura con la batidora hasta que quede una cremita fina y añadimos el coco (se reserva un poquito para decorar) y mezclamos bien. Reservamos.

Montar la tarta:
– Colocar una base de tarta (o lámina de bizcocho o bollos suizos cortados en láminas – para que aguante la forma, en este último caso, los colocamos dentro de un aro grande de emplatar-)
– Emborrachamos el bizcocho regando con la mezcla de azúcar, brandy y agua.
– Encima le repartimos la tercera parte de la crema de zanahoria, de manera que quede una capa homogénea en altura.
– Cubrimos con la siguiente base (o lámina…) y repetimos el proceso 2 veces más de manera que la tarta quede: Bizcocho Borracho+ Relleno+ BB +R+ BB+R

Esta ultima capa de relleno la decoramos a nuestro gusto con coco rallado, dibujos con el relleno tirado a manga, virutas de chocolate con leche… etc. También podemos cantear la tarta, es decir cubrir todos los bordes en altura con parte del relleno espolvoreado de coco…

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Medicinal y/o recreativo

9 marzo, 2012

Si es medicinal o recreativo ya lo dejo a vuestra elección, o como en el caso de Los Gandules, ¿porqué no tener ambas cosas?.

Pero hablemos de cosas serias (ji,ji) y pasemos a preparar unas…

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Galletas-María con naranja confitada

Raciones: unas 40-45 galletas pequeñas

330 gr de harina
210 gr de mantequilla de María
100 gr de azúcar
1 huevo
100 gr de cáscara de naranja confitada
Colorante
Aroma de limón
Azúcar glass para decorar

Antes de preparar las galletas hay que elaborar la mantequilla de María tal como os explican en el enlace, o bien calentando 250 gr de mantequilla sin sal junto con 15 gr de cogollos, lavados y picados, al baño María durante una hora, colando y dejando enfriar el resultado (esta es la manera en que yo la preparo, porque es menos engorrosa).
Hacer una montaña con el azúcar, harina, colorante y la naranja confitada finamente picada.
Cascar el huevo en el centro y añadir unas gotas de aroma de limón y la mantequilla de María en trozos.
Trabajamos la masa suavemente y a mano hasta que admita toda la harina y quede una mezcla suave y homogénea.
Extender la masa con un rodillo sobre una superficie enharinada hasta que tenga medio centímetro de grosor.
Cortarlas con cortapastas o cuchillo.
Ponerlas en una placa de horno enharinada y decorarlas con unas tiras de naranja.
Hornear a 180º hasta que estén doradas (12-15 minutos).
Poner a enfriar sobre una rejilla.
Espolvorear con azúcar glass mientras estén calientes para que el azúcar se empape.

Comerlas de una en una, dejando pasar al menos una hora tras la primera, para poder calibrar sus efectos y no pasarse.
Guardarlas en una lata o recipiente hermético para conservarlas, aunque no muchos días, pues pierden efecto.

Pequeñeces

6 marzo, 2012

Las pequeñas decepciones ocupan un pequeño lugar. Pero se juntan muchas a diario y, a pesar de ser ligeras, ese lugar va aumentando poco a poco de densidad.
¿Llegará el día que sea como un agujero negro de masa infinita y volumen tendente a cero?

No me gustaría estar por los alrededores cuando eso suceda, que seguro que me hace puré.

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Pasteles de patata

600 gr de patata cocida
300 gr de azúcar
200 gr de almendras crudas
2 manzanas
6 yemas de huevo

Lavar las patatas y manzanas y quitarles el corazón a estas últimas.
Poner a cocer las patatas con su piel y a asar las manzanas.
Moler las almentras en el punto que más nos guste; muy fino, como harina, o en forma de granillo si queremos que los pasteles tengan un poco de textura.
Cuando las patatas estén cocidas, pelarlas y pasarlas por el pasapurés.
Mezclarlas con el azúcar mientras estén lo más caliente posible.
Añadir las almendras molidas e integrar bien.
Añadir la pulpa de las manzanas e integrar bien.
Dejar templar antes de añadir las yemas de huevo.
Añadirlas y mezclar bien.
Engrasar y enharinar un molde amplio mientras se precalienta el horno a 200º.
Verter la mezcla en el molde formando una capa de unos 2 cm de alto.
Hornear unos 20-25 min, dependiendo del horno; hasta que esté dorado y al pinchar un palillo este salga limpio.
Apagar el horno y dejar el pastel dentro hasta que esté templado.
Cortar en porciones y presentarlas con la parte dorada como base.
Decorar al gusto; frutos secos, miel, mermeladas, nata, merengue, frutas, sésamo…

El músculo tonto

7 agosto, 2011

Todos tenemos, en el mejor de los casos, al menos uno. En mi caso son tantos que puedo hacer entradas en el blog suficientes como para que vosotros, hipotéticos lectores/cocinillas, cayerais en la tentación de cortaros las venas con el cuchillo de la mantequilla (útil como arma solo para atascar las arterias por su uso reiterado, no para cortar ni un capilar superficial).

Uno de mis músculos atrofiados tiene que ver con la comunicación verbal. ¡Dios, que angustia!. Me atasco, me aturullo antes, durante y después de cualquier conversación con extraños. Mi cara, sin embargo, debe de ser un poema, porqué mis interlocutores comprenden más claramente por mi expresión facial lo que quiero decir y lo que estoy pensando (normalmente: “¿Suena muy estúpido? ¿Habrá pillado el juego de palabras?… Vale, tía, ya has lanzado una referencia cultureta que no viene al caso…”. Mi monólogo interior es deprimente, lo sé. Aisss)

Por eso prefiero comunicarme por escrito: me da tiempo a pensar la mejor manera de expresar hasta las tonterías más superficiales. No descarto comprar una moleskine chula (porque una tendrá sus particularidades, pero siempre con estilo) para utilizarla a modo de interfono.

Otra opción es la que proponen en esta divertida conferencia sobre ilustración: Aprender por cabezonería y ensayo-error… y el interlocutor, ¡¡que sufra!!

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Galletas de hinojo y limón
Raciones: 30 ud

225 gramos mantequilla; a temperatura ambiente
160 gramos azúcar
1 huevo; grande
zumo de medio limón
ralladura de 1 limón
320 gramos harina
3 cucharadas soperas hinojo; fresco y picado
sal
Una copa de anís

Mezclar la mantequilla y el azúcar con las varillas hasta obtener una crema suave.
Añadir el huevo y el zumo de limón y mezclar bien.
Añadir la harina, el hinojo, la ralladura de limón y la sal, mezclando hasta que esté bien integrado todo.
Hacer uno o dos tubos/barras con la masa, envolverlos en papel film y la dejamos endurecer en la nevera al menos una hora.
Precalentar el horno a 200ºC y mientras, cortar la masa en rodajas iguales, de más o menos 1 cm.
Para perfumarlas un poco más y evitar que se peguen a la placa de horno, mojar la superficie con anís (con un pincel o spray de cocina), formando una película fina de licor sobre la que espolvorearemos un poco de harina.
Poner las galletas sobe esta película de harina perfumada separadas entre sí, porque crecen a lo ancho.
Meter al horno unos 15 minutos.
Sacarlas y dejar enfriar en una rejilla unos minutos para que no se humedezcan.
Guardar en una lata de galletas, porque los aromas son muy volátiles.

Problemas de lateralidad

14 mayo, 2011

La tercera vez que me examiné del práctico de coche, después de comerme medio ansiolítico (porqué las dos veces anteriores los nervios me habían mantenido temblando durante días) iba yo tan tranquila, un poco borracha, con los músculos flojos y la sonrisa boba, a examinarme.

Todo marchó bien; aparqué en batería, me paré en los lugares indicados y parecía que esa vez sí, que iba a ser la refinitiva. Cuando ya volvíamos al centro de exámenes, conducía yo todavía por la autopista, el examinador me pidió que me metiera en la siguiente por la derecha. Yo marqué con el interruptor, y iba a cambiar de carril cuando me repitió con urgencia “a la derecha”. Entonces me dí cuenta de que me estaba equivocando… En un microsegundo tras exclamar alegremente “Ah! La otra derecha!”, marqué bien, revisé los retrovisores y salí de la autopista airosamente, sin problemas.

Mientras esperabamos los resultados nos tomamos un merecido desayuno, que consiguió bajarme un poco el globo de tranquilidad que llevaba, gracias a lo cual recibí la noticia del aprobado con el alborozo debido.

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Magdalenas de zanahorias y naranja
Raciones: 24 ud pequeñas

150 gramos azúcar
250 gramos zanahoria
3 huevos
100 gramos mantequilla; a temperatura ambiente
1 naranja
200 gramos harina
1 sobre levadura
sal
1 cucharadita jengibre fresco rallado finamente

Pelar y rallar las zanahorias finamente.
Rallar la piel de naranja y exprimirla.
Cocer la zanahoria con la piel de naranja durante 15 minutos.
Escurrir y reservar.
Batir los huevos con el azúcar hasta que estén montados.
Añadir la mantequilla en pomada y la zanahoria.
Mezclar por completo.
Añadir la harina, la levadura, la sal, el zumo de la naranja y el jengibre.
Precalentar el horno.
Rellenar los moldes a 2/3 de su capacidad y hornear a 190º durante 15 minutos

Cuando llevas un tiempo sin hacerlo

31 marzo, 2011

Volver a coger la bici tras el invierno es como estar con un tío nuevo, hay varias cosas a tener en cuenta:

– Empezarás con mucho ánimo y tendrás que volver a recordar los ritmos para no acabar agotada en el afán de llegar a meta cuanto antes.
– Ante la duda, recuerda que siempre es más divertido cuando estás encima y que los caminos conocidos son los mejores para no perderte; ya tendrás tiempo de experimentar más adelante.
– En las cuestas arriba acelera sólo al final o fijo que no llegas, y luego déjate caer en la bajada y disfruta de las vistas.
– Cuando llegues a casa, una buena ducha te quitará el sofoco y te dejará sólo el recuerdo lánguido en los musculos.
– Recuerda que al día siguiente te dolerá todo, aunque creas que no has usado algunos músculos… confia en mi, te dolerán. Pero es un dolor dulce que te recuerda el subidón de endorfinas; casi mola.
– El sillín está siempre más duro de lo que aparenta mientras montas, lo recordarás cada vez que te sientes.
– La gente dice que las agujetas se pasan mejor si tomas agua con azúcar, pero sin duda la mejor manera de evitarlas es volver a montar cuanto antes.

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Torrijas

leche
canela; en rama
cáscara de naranja
pan; de ayer
huevo
aceite; para freir
azúcar
canela; en polvo
ralladura de limón
zumo de limón

Cocer la leche con azúcar, canela y corteza de naranja a fuego lento y dejar que
se enfrie lentamente, para que se infusionen.
Cortar pan de ayer en rebanadas gruesas y bañarlas en la leche tibia, dejándolo reposar hasta que se empapen bien, pero no tanto como para que se
rompan al trabajarlas.
Batir los huevos.
Pasar las torrijas por huevo.
Freir en una sartén con abundante aceite a fuego medio.
Dorar.
Colocarlas sobre papel absorbente.
Hacer un caramelo perfumado con limón (azúcar + ralladura de limón + zumo de
limón) para acompañarlas, o rebozarlas en una mezcla de azúcar y canela en polvo.
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Se puede hacer gran cantidad y conservarlas sumergidas en un almíbar a base de
agua, azúcar y miel y guardándolo en la nevera ir sacándolas de este almíbar
cuando se vayan a consumir.

“Bodas de plata”

9 marzo, 2011

Tal día como hoy, hace 25 años:
Ali, Musi y yo fuimos las únicas de nuestro curso que decidimos no ir a que los embadurnaran la frente de ceniza y nos quedamos en el patio del colegio despotricando de la iglesia.
De ahí surgió la amistad más duradera y una de las más profundas de mi vida.

Han pasado un montón de cosas, incontables novios y amigos, decenas de borracheras y resacas, muchas tortitas con nata en la cafetería de Saul, un puñado de ciudades y casas nuevas, de viajes para poder vernos, incluso llegan las futuras generaciones… Y sin embargo parece que fue ayer; porque hay cosas que no cambian, sólo mejoran.

Que las quiero más y mejor; y no digo más, que me pongo tierna…

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Crêpes suzette
Raciones: aprox 15 crêpes, 5 raciones

Para las obleas:
2 huevos
100 gramos harina
150 mililitros leche
aceite de oliva

crema pastelera (1/4 de la RECETA)

Para la salsa:
mantequilla
zumo de naranja
Cointreau o vino dulce

Preparar la crema pastelera* según ESTA receta. Y dejarla enfriar.

Preparar las obleas:
Mezclar los huevos batidos, la leche y la harina hasta que quede homogéneo.
Calentar una sartén al fuego y aceitarla con una gota de aceite.
Echar la cantidad suficiente para que cubra el fondo de la sartén en una capa fina.
Cuando esté cuajado, dar la vuelta y dorar por el otro lado.
Sacar, reservar y repetir el proceso hasta que se acabe la masa.

Cuando las obleas estén tibias, untarlas de crema pastelera y doblarlas en cuatro formando un triangulo.
Reservar.

Justo antes de servirlas preparar la salsa:
Disolver la mantequilla suficiente para cubrir el fondo de una sartén (a fuego suave).
Añadir las crêpes rellenas con cuidado para que no se rompan y dorar ligeramente por ambas caras.
Añadir un chorro generoso de cointreau o vino dulce y flambear.
Añadir el zumo de naranja (una naranja exprimida por cada 3 crêpes, mas o menos) y reducir.

Servir inmediatamente.

En la receta clásica se le añade azúcar a todos los procesos (tanto a las obleas como a la salsa), pero para mi es excesivo, para mi paladar ya están suficientemente dulces sólo con el dulzor que da la crema pastelera.

La pereza

4 enero, 2011

Me levanto pronto, asombrosamente pronto; en cuanto sale el sol me despierto (lo que en verano significa levantarse a horas indecentes) y me levanto como movida por un resorte, con mucha energía, aunque a esas horas mato por un café o un té.

Sí, sin duda las mañanas son mi parte preferida del día, y las mañanas del fin de semana, soleadas, frescas, de otoño o primavera, son las mejores: Cambio un café (bien hecho, que a mi me sale fatal) por una tostada de coca, con mantequilla y mermelada.

… Volver con el desayuno a la cama, repasar el correo o leer un ratito mientras desayunamos, alargar la pereza un poco más (saboreándola como un regalo raro), que luego ya no hay quien nos tumbe en todo el día, siempre de acá para allá, con mil cosas entre manos.

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Coca de patata
480 gramos harina fuerte
225 gramos patata; cocida
150 gramos azúcar
75 gramos mantequilla
3 huevos
30 gramos levadura; fresca
agua tibia

Cocer, escurrir y machacar la patata con un tenedor o pasandola por el pasapurés.
Mezclar el puré con la harina, el azúcar y la mantequilla, amasando con los dedos hasta conseguir una mezcla de tacto arenoso.
Añadir los huevos y la levadura disuelta en un poco de agua tibia.
Mezclar de nuevo hasta que quede una masa un poco pegajosa.
Taparla con un paño limpio y dejar que suba durante una hora, colocandola en un lugar cálido (25-30º).
Se vuelve a amasar en el mismo recipiente y dejar reposar, igual que antes, una hora para que suba de nuevo.
Sacar la masa a una mesa enharinada y amasar de nuevo, enharinando la mesa y las manos cuanto sea necesario para que la masa no se pegue; amasamos energicamente y con movimientos envolventes, añadiendo un poco de harina, si es necesario, hasta que la masa no se pegue a los dedos.
Dividir la masa en seis bolas iguales y darles forma de bollo redondo.
Poner las bolas en una placa de horno espolvoreada con harina dejando espacio entre ellas, pues doblarán su volumen en la tercera fermentación.
Otra hora después, meter la placa al horno precalentado.
Hornear durante 30 minutos a 160º hasta que se dore.

Servirlas cortadas en rebanadas tal cual o espolvoreadas con canela o tostadas con mantequilla y mermelada. Se conserva muy bien durante, al menos, una semana, fuera de la nevera y tapada con un paño.

Si dividimos cada una de estas seis bolas en 16-20 bolitas de masa (antes de la última fermentación), las dejamos fermentar (tapadas y al calor) y luego las horneamos durante unos 15 minutos, obtendremos unos esponjosos bocaditos que luego se pueden rellenar de crema pastelera o nata.

!Adivinanza!, ¿Qué será?

6 diciembre, 2010

Hoy me siento generosa y juguetona, por eso vengo a proponeros una adivinanza con premio. Porque aunque tengo pocos lectores, los que estas ahí sois muy fieles y, ¡Caramba, me gustaría daros las gracias!

¿Veis la foto de arriba? Tiene pinta de ser un pastel de chocolate ¿verdad?… pues sí, pero no lleva ni una pizca de grasa, ni harina, ni huevos, ni nada que no sea vegetal… un pastel de chocolate apto para veganos, celiacos, intolerantes a la lactosa y aún así muy rico. Pero entonces… ¿de que narices está hecho?

Responder con tres ingredientes a la pregunta:

¿Cuál es el ingrediente principal de este pastel?
A:……………..
B:……………..
C:……………..

– El premio se sorteará entre todos los acertantes (si alguna de vuestras 3 opciones es la correcta entraréis en el sorteo). En el caso improbable de que NADIE haya acertado antes del mediodía del día 13 (12:00 H, hora peninsular española), el sorteo se realizará entre TODOS los concursantes.

– Durante la tarde del día 13 colgaré la receta de este atípico pastel y realizaré el sorteo, publicando en este mismo post el ganador y poniéndome inmediatamente en contacto con él.

– Para participar sólo tenéis que poner un comentario (respondiendo a la pregunta con tres opciones) a esta entrada (como el mail es requisito indispensable para comentar, podre ponerme en contacto con el ganador).

– Únicamente quedan excluidos del juego mis comensales de mañana, a los que someteré a esta misma pregunta en directo después de comer, je, je

– El premio consiste en elegir productos (hasta 20 €) de UNA de estas tres tiendas:
Productos de cocina
Sección gastronómica de la librería
Delicatessen

¡Queda inaugurado el juego! Ala, a echarle imaginación y… ¡Suerte!

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Ya me quema tanto misterio.

Se que os lo he puesto muy dificil y que así, sin más pistas, era muy dificil acertar; porque el ingrediente principal se las trae…

Es verdad que lleva mucho cacao puro y bastante agua, pero el ingrediente principal, al que Virginia se ha acercado rozando el laguero es…:

¡¡Garbanzos!!

Asi que vamos a proceder al sorteo entre todos los participantes (las manos inocentes son las de mi consorte)

¡FELICIDADES DIDI!

Enseguida me pongo en contacto contigo.

A los demás participantes ¡Muchas gracias por jugar!

Y ahora, vamos al lío:

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Pastel de chocolate y garbanzos
Raciones: 8

200 gramos garbanzos; cocidos y escurridos
50 gramos cacao puro; en polvo
100 gramos dátiles; sin semillas
30 gramos almendra; crudas y peladas
150 mililitros agua
1 cucharadita bicarbonato
0.5 cucharadita canela; en polvo
0.5 cucharadita jengibre; en polvo
sal
30 gramos sirope de arce o miel o azucar morena; optativo para los amantes del dulce.

Poner los garbanzos en remojo el día anterior y cocerlos hasta que estén tiernos. Se pesan después de cocidos y también se pueden emplear garbanzos en conserva.
Escurrir y reservar.
Triturar los dátiles (es la parte edulcorante del pastel) con las almendras hasta obtener harina, reservar.
Aparte, triturar los garbanzos con el agua, las especias y la pizca de sal.
Incorporamos la harina de almendras, el cacao en polvo y el bicarbonato, mezclando a mano con las varillas hasta que la masa esté homogénea.
Si nos gusta más dulce añadimos también el sirope de arce, miel… (opcional).
Debe ser una masa como plastilina blanda, pero el punto depende mucho del cacao utilizado que puede absorber más o menos líquido.
Engrasamos el molde de horno o usamos un molde de silicona sin engrasar
Cocemos en horno caliente a 180 grados durante unos 25-30 minutos.
Esperamos a que se se enfríe y desmoldamos.

Es un pastel tipo brownie, podemos servirlo cubierto de chocolate caliente, mermelada de frutos rojos, azucar glass….
En este caso le añadi a la masa unos piñones (pero podeis usar cualquier fruto seco que os apetezca en trozos pequeños) y lo decoré con fondat de colores y azúcar glass.

Por cierto, gracias a http://www.justvegetal.com, de donde saqué la receta original, a la que le he hecho muy pocos cambios.

¿Quién no?

21 noviembre, 2010

¿Quién no ha utilizado alguna vez una taza como cenicero, un lápiz de labios para escribir en un espejo, una revista para calzar la mesa?

¿Quién de nosotros no ha usado nunca un billete de metro para hacer un filtro, un libro para guardar hojas o flores, una cita inexistente para escapar de una visita inesperada?

¿Quién no se ha equivocado alguna vez cogiéndole la mano a un desconocido entre la multitud, revelando un secreto que nos contaron como si no lo fuera, “blasfemando” delante de un creyente?

¿Quién, decidme, no ha sacado alguna vez las cosas de su contexto habitual y ha descubierto maravillas?

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Bizcochitos de patata
Raciones: 30

480 gramos patatas; peladas y cocidas
300 gramos azúcar
3 huevos
azúcar vainillada
harina
papel de arroz o de patata

Pelar y cocer las patatas.
Escurrirlas y hacerlas puré con un tenedor o con el pasapurés.
Añadir el azúcar y el azúcar vainillada y mezclar bien.
Separar las claras de la yema.
Cuando la mezcla esté templada, añadir las yemas y mezclar bien de manera que quede una masa suave.
Batir las claras a punto de nieve y añadirlas a la mezcla anterior, mezclando sin batir para que las claras no bajen. El resultado es una masa ligera, tipo mousse.
Espolvorear una placa de horno con harina (o usar una lámina antiadherente en el fondo de la placa), cortar el papel de patata o arroz al tamaño deseado y colocar los trozos en el fondo de la placa.
Precalentar el horno a 180 º.
Con una cuchara o a manga, repartir la mezcla sobre cada papel comestible dándole la forma deseada, quedarán galletas si ponemos una porción redondeada o bizcochos si las hacemos alargadas.
Hornear durante 20-25 min, hasta que empiecen a dorarse por los bordes.
Sacar del horno, dejar enfriar un par de minutos y sacarlos a una rejilla para que acaben de enfriar.
Cuando estén completamente fríos recortar el papel sobrante de la base y servir.

Podemos decorarlos con mermelada mientras aún estén calientes.
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He modificado la receta, en cuanto a tiempo y temperatura de horno, pues al usar un horno más potente de lo habitual (y mejor, todo hay que decirlo) quedaban demasiado tostados. El punto ideal es cuando los bordes de los bizcochos se doran ligeramente; de esta manera nos quedan unos bizcochitos húmedos, tipo soletilla.