Archive for the ‘preparados previos’ Category

El deseo platónico

8 febrero, 2016

mermeladaDePimientoVerde

 

Se habla a menudo del amor platónico y desinteresado, de los argumentos azucarados ad nauseam que lo legitiman… pero el deseo sostenido y no resuelto tiene muchísima más miga; a poco que una se lo proponga de manera cabal, esa comezón constante se transforma a diario en gestos, decisiones y acciones potentes y constructivas.

Desde luego duele un poco; lo justo para que el pulso acelerado se convierta en una fiesta, para que las miradas ardientes nos calienten en los fríos días del invierno social y que las pocas palabras basten para el buen entendedor. Pero ¿Quién no disfrutaría del dolorcillo justo que hace que todo se mueva por dentro? ¿Quién no aprovecharía toda esa energía potencial para hacer, decir y pensar sobre los asuntos pendientes, esos que nunca se abordan? ¿Quién se quedaría sin bailar frente a ese cierto ritmillo interior?

Aprovechemoslo mientras dure.

Puede acabar desapareciendo por si solo o puede saciarse transformandose en un ciclo alegre de deseo-satisfacción.

Pero esa es otra historia, y ha de ser contada en otro momento.

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Mermelada de pimientos verdes

400 gr. de pimientos verdes
200 gr. de azúcar moreno
100 gr. de vinagre de módena
50 gr. de agua
 
Lavar y limpiar de pepitas los pimientos y picarlos en trocitos pequeños.
Ponerlos en una olla junto con el azúcar, el vinagre y el agua.
Cocer a fuego muy lento durante unos 30 minutos.
Dar un golpe de batidora, solo unos momentos si nos gustan los trocitos o a fondo hasta que quede completamente triturado si no.
Ponerlo sobre el fuego muy lento otra vez y seguir removiendo hasta que quede una mermelada con el espesor que nos guste, aproximadamente otros quince minutos.
Esperar a que enfrie si lo vamos a comer sobre la marcha o envasar en caliente, en tarros esterilizados, si queremos hacer conservas.
Es un gran complemento para quesos y un acompañamiento adecuado para carnes a la plancha por su sabor picante. Esta misma receta es válida para pimiento rojo, aunque el resultado será más dulce y meloso.

 

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Podemos y los brotes verdes

18 septiembre, 2015

tomatesecoaceite

Tengo una amiga que cuando me habla de su pequeña y la escolarización alucinada a la que les obliga la ley, me recuerda a ¡PODEMOS!*… El famoso grito de guerra de Parques y Jardines Madrileños durante los años de la poda salvaje de árboles: ¡PODEMOS! ¡PODEMOSLOS TODOS! ¡QUE NO QUEDE UNO ENTERO!

Porque enviar a un peque cada día al cole requiere no solo prepararle un bocata para el recreo; hay que cargar su mochila, mañana tras mañana, de brotes verdes*: la ilusión de ser niño, la curiosidad, el sentido crítico, la confianza en su diferencia, el afán por resolver dudas, la extraña alegría de aprender cosas nuevas…

Y en el cole, en muchos coles, unos profesores sobrexplotados (muchos), impartiendo materias que no dominan (algunos), indolentes (otros) y francamente dogmáticos y decididos a la poda (los malignos) cogen todos esos brotes de carácter de nuestros hijos y efectuan, a diario y a fondo, un desmoche brutal.

El resultado pretende recortar hasta dejar el tronco pelado, libre también de musgos y setas: todos iguales, todos dóciles, todos podados para equipararlos al ideal del mínimo comun**.

Las criaturas acarrean de vuelta en su mochila las ramas cortadas sin dejar que las heridas de la poda se infecten. Y es tarea de los mayores que les quieren (incluso de algún maestro rebelde) pasar todo el tiempo posible curando heridas, eliminando chupones maliciosos implantados en la jornada escolar, tratando los brotes cortados con enzimas enraizadoras y plantandolos a los pies de sus niños-arboles…

Con un poco de suerte, a resultas de los cuidados adultos y de su propia naturaleza alegre y resistente, estas pequeñas criaturas-árbol acabarán siendo, cada una, un bosquecillo sano y adulto.

Y, con más suerte aún, nos darán frutos deliciosos.

*Y no, no hablo de política…
**Ahora sí, hablo de política y políticos.


Semiconserva de verduras rehidratadas en aceite

Verduras secas; tomates (en este caso), setas, zanahorias, cebolla….
Agua
Aceite de oliva
Hierbas y especias; albahaca fresca y pimienta rosa (en este caso), oregano, ajo en polvo, cayena, tomillo….

Una de las maneras para dar salida en la mesa a los tomates secos de este post es semiconservandolos en aceite de oliva. Este mismo proceso es válido para cualquier otra verdura secada previamente en su temporada.

Poner en un cuenco la cantidad de verduras secas que querais rehidratar.

Poner a cocer agua suficiente para cubrirlas.

Cuando el agua hierva, añadirla al cuenco con las verduras. Dejar reposar tapadas durante unos 20 minutos (o el tiempo necesario para que queden tiernas).

Escurrirlas bien (reservando ese agua) y secarlas con un paño limpio o un papel de cocina de manera que queden lo más secas posible.

Poner las veduras rehidratadas en un tupper o tarro de cristal con tapa, acompañadas de las hierbas y/o especias de vuestra elección sin presionar demasiado para que el aceite, que añadiremos a continuación en cantidad suficiente para cubrir las verduras, se pueda meter por todos los recovecos.

Mover un poco, dar unos golpecitos en la base del tarro para que salgan las posibles burbujas de aire, tapar y meter en la parte menos fria de la nevera o en una alacena si es invierno.

Cuanto más tiempo estén en aceite más jugosas quedarán, pero tras un par de días como mínimo, ya se aprecian los sabores de estas verduras secas en aceite aromatizado.Siempre hemos hecho pequeñas cantidades que nos duran un par de semanas, aunque deben conservarse perfectamente al menos un mes siempre y cuando se tenga la precaución de que continuen cubiertas de aceite y en un ambiente fresco y oscuro.

Las utilizaremos picadas en crudo para ensaladas, pizzas, pasta, arroces… picadas en picadora con nata, frutos secos o quesos para hacer patés, las añadiremos a la cocción de salsas, salteados, cremas… las posibilidades son infinitas.

El agua de la rehidratación y el aceite sobrante tras consumir las verduras se aprovechan para cualquier otra preparación que requiera agua o aceite y conseguiremos un resultado más aromático.

¡Ah! ¡Picarona!

2 abril, 2013

mermeladafresaychocolate

¿Habéis visto la peli Fresa y chocolate?

Bien, pues… ¿porqué elegir pudiendo tenerlo todo? Eso sí, con un poquito de picante….

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Mermelada de fresa y cacao

1 Kg de fresas ya limpias
400 gr de azúcar
2 manzanas maduras
La ralladura de un limón
2 cucharadas soperas colmadas de cacao amargo
Una punta de cayena molida

Lavar, quitar el pedúnculo y trocear las fresas de manera que una vez limpias lleguen a pesar un kg.
Lavar las manzanas, descorazonarlas y trocearlas; no hace falta pelarlas, pero podéis hacerlo si no os agrada encontrar tropezones.
Poner ambas cosas en la olla, junto con la ralladura de limón y cubrir con el azúcar, removiendo hasta que sea homogéneo.
Guardar la olla en la nevera y dejar reposar al menos un par de horas (incluso una noche completa) para que la fresa suelte su jugo.
Poner a fuego fuerte hasta que hierva y después cocinar a fuego medio durante, al menos, media hora.
Dar un golpe de batidora o pasarlo completamente, dependiendo de si os gusta o no encontrar trocitos.
Verificar la consistencia de la mermelada sacando un poco en un platito y dejándola enfriar, si aún está demasiado líquida continuar la cocción hasta encontrar el punto adecuado.
Añadir el cacao amargo y la cayena en polvo (poca, la suficiente para que se note sin ser protagonista) y mezclar muy bien.
Cocer durante 5 minutos más y apagar el fuego.
Envasar en tarros y hacerles el vacío al baño maría como de costumbre.

Dejar enfriar, etiquetar y guardar en la despensa.

Podemos tomar esta mermelada como tal o acompañando témpuras de verdura, o como sustituto del aliño de algunas ensaladas.

Capricho dulce

13 abril, 2012

Creábamos un nuevo color de carmín cuando, por fin, nos decidimos a mezclar alientos, bocas y lenguas, con el ansia doble nacida de la expectación y lo prohibido.

Chocábamos como piezas de un rompecabezas que no cuadraban a la primera, que costaba encajar; huecos y volúmenes idénticos que no se guiaban por el instinto, que se estudiaban lentamente para encontrarse, finalmente, anudados.

Perseverábamos, con la fuerza de la constancia y con la sutileza que da la sabiduría propia en un cuerpo ajeno. Mediamos la urgencia, la fuerza, el ritmo; surgía, así, de una manera distinta el resultado cotidiano.

Como si de un vino suave se tratase, repetíamos. Copa tras copa hasta que el cuerpo no aguantaba ya, ebrio.

Y yo aquí, tan sobria desde hace tanto tiempo…

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Jalea o mermelada de vino tinto

Una botella de vino tinto
500 gr de manzanas
600 ml de agua
Azúcar
Una cucharadita de pimienta rosa y blanca en grano
Agar-agar en polvo (opcional)

Lavar y trocear las manzanas, corazón y piel incluidos.
En una olla poner a cocer las manzanas, la pimienta, el vino (usa un vino que beberías con agrado) y el agua.
Cuando rompa a hervir cocer destapado a fuego medio, para que vaya reduciendo, mientras las manzanas se cuecen hasta deshacerse. Aproximadamente 40-60 minutos.
Colar el resultado en un colador fino o con una muselina y medir el volumen de líquido resultante.
Poner el líquido a cocer de nuevo añadiendo la mitad de peso en azúcar por cada volumen de líquido (50 gr por cada 100 ml,…)
Cocer a fuego vivo removiendo de vez en cuando al menos durante 20 minutos si queremos hacer mermelada o hasta que espese ligeramente si queremos hacer jalea.

Si se quiere que el resultado final sea una mermelada, volver a medir el volumen de líquido y añadir el agar-agar en polvo según las instrucciones del fabricante.
Cocer 5 minutos más sin dejar de remover.

En ambos casos, pasar el resultado a tarros esterilizados y hacer el vacío, cociéndolos durante 30 minutos.
Dejar enfriar, etiquetar y guardarlos en una despensa oscura.

Tanto la mermelada como la jalea son un buen acompañamiento para quesos de todo tipo, carnes e, incluso, como parte del aliño de ensaladas.

Masoquismo de salón

26 agosto, 2011

Tenia el don de conseguir que algo pareciera una estupidez sólo por la manera en que lo escuchaba: te clavaba toda su atención sin siquiera levantar una ceja cuando veía que no podías parar tu lengua. Y esperaba, paciente, hasta que le habías contado tus más íntimos secretos.

Era escalofriante.

Y no falté ni a una sola de mis citas con él.

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Mermelada de tomate

1 kilo de pulpa de tomates maduros
500 gramos de azúcar
zumo de un limón
20 clavos de especia

Pelar los tomates escaldandolos en agua hirviendo durante 30 segundos (si antes de escaldarlos se les hace un corte superficial en forma de cruz este trabajo es mucho más sencillo)
Córtalos por la mitad y retirar las semillas.
Trocearlos y depositar la pulpa de los tomates en un recipiente grande.
Espolvorear con el azúcar y regar con el zumo de limón.
Déjarlo reposar en el frigorífico durante 12 horas.
Añadir el clavo y ponerlo en una cazuela en el fuego, cociendo lentamente durante una hora y removiendo con una cuchara de madera.
Retirar los clavos.
Darle un golpe de batidora de manera que los trozos no se desagan del todo, sólo para que el almibar coja consistencia.
Poner en frascos esterilizados y hacerles el vacío cociendolos al baño maria durante 30 minutos.
Enfriar, etiquetar y guardar en la despensa.

DIY

10 julio, 2011

la idea de Do It Yourself, o hazlo tú mismo, tiene mucho que ver con el anticapitalismo; aunque sólo sea por el hecho de no tener que comprar a otros cosas que se pueden fabricar en casa de manera sencilla. No todo los deseos se colman con una compra inmediata, más bien al contrario: cuanto más rápido se satisfacen los deseos consumistas, más necesidades absurdas surgen.

Pero no es sólo eso, el DIY también conlleva el placer de vivir sin tanta prisa, de poder customizar y hacer las cosas a nuestro gusto, de disfrutar del proceso, de ahorrar dinero y derrochar imaginación, de investigar y aprender cosas nuevas de rebote…

Los que leéis este blog habitualmente ya estáis acostumbrados a cierta dinámica de fusión de ideas ya que muchas de las entradas son conceptos básicos (mucha verdura, productos de temporada, proximidad y orgánicos, conservas caseras…) sacados de contexto y presentados de manera que, con un mínimo esfuerzo, podemos comer productos caseros y sorprendentes a un tiempo: mermeladas de verdura, yogures, congelados caseros, postres insólitos

Si habéis llegado hoy aquí, seguramente tiene mucho que ver con el deseo de comer cosas hechas con vuestras propias manos y de dedicar algo de tiempo y mimo al proceso. Y esto también tiene que ver con la filosofía del #15M y la #spanishrevolution; nos tomaremos el tiempo que sea necesario para construir una nueva manera de hacer política, sociedad y cultura (incluso gastronómica). No tenemos prisa y no es que vayamos despacio, es que vamos lejos… y disfrutaremos todo lo posible por el camino.

Como este post de hoy forma parte de #opTakeTheWeb, no quiero terminar sin recomendaros este VIDEO: un largo (casi 2 h) documental sobre los transgenicos y Monsanto y de como esta gran empresa transnacional ejerce su violencia contra algo tan íntimo como la soberanía alimentaria.¡Buen provecho!

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Calabacines rellenos de mascarpone casero a las finas hierbas
Raciones: 2

Para el mascarpone:
1/2 l de nata líquida para montar
El zumo de 1/2 limón
Gasa y un colador o colador grande de café

Para los calabacines:
2 calabacines medianos (25-30 cm de largo)
1 huevo
200 gr de mascarpone
tomillo
romero
orégano
sal
1 cucharada sopera de coco rallado o harina de almendra
una pizca de cayena
pan rallado

Preparar el mascarpone:
En un cuenco grande poner la nata bien fría con el zumo de limón y batirlo con las varillas hasta que esté semimontado (con cuerpo y algo de burbuja, pero todavía líquido).
Pasarlo al colador cubierto con una gasa o al colador de café (colador de tela cónico, la mejor solución para mi gusto).
Poner el colador en un recipiente que recoja el suero cuando se vaya formando y cubrilo con film o taparlo para preservarlo de los olores de la nevera.
Dejar drenar el suero durante 24 horas en la nevera.
Sacarlo del colador y reservar en frío.

Preparar los calabacines rellenos:
Lavar muy bien los calabacines y cortar las puntas.
Cortalos a lo largo, luego a lo ancho y, para que queden estables, cuadrarlos por la base (sacar una loncha fina de la que será la base para que no rueden).
Con ayuda de un cuchillo bien afilado o un cortador de corazones de manzana, vaciar los calabacines dejando una pared de, más o menos, medio cm de ancho. Nos quedarán 8 trozos con forma de barca truncada.
Reservar la carne de calabacín desechada para otros usos (cremas, tortillas, fritadas…).
Precalentar el horno a 180º.
Machacar las hierbas en el mortero con un poco de sal.
En un bol mezclar las hierbas, el coco o la almendra, el huevo y el mascarpone casero hasta que esté homogeneo.
Añadir un poco de cayena si se quiere un toque picante.
En una bandeja de horno aceitada colocar los calabacines y rellenarlos con la mezcla.
Espolvorear la superficie con un poco de pan rallado.
Hornear 30-45 minutos a 180º (dependiendo del tipo de calabacín) hata que la carne del calabacín esté tierna y la superficie dorada.

En este caso lo hemos acompañado con una mayonesa de remolacha y unas tiras de tortitas de espinacas, pero es un plato muy suave que admite casi cualquier acompañamiento.

Aprender desde los márgenes

6 junio, 2011

Me he encontrado este ameno vídeo que ilustra perfectamente cómo aprendemos muchas de las cosas que nos dan una cierta calidad de vida. Y os dejo mi aporte, por pequeño que sea.

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Yogur griego
Raciones: 6

Un yogur griego
Un litro de leche entera
Tarros de cristal con tapa
Una olla grande con tapa
Agua caliente

En un recipiente mezclar el yogur con un poco de leche y diluirlo completamente.
Mezclar con la leche restante hasta que quede homogeneo.
Rellenar con el resultado los tarros de cristal.
En la olla poner agua caliente (se puede utilizar la del grifo del agua calente – que sale a unos 50º, la temperatura ideal-) hasta más o menos la mitad de la altura de los tarros.
Introducir los tarros con el yogur, destapados, en la olla y tapar esta con su tapa.
Mantener constante la temperatura del agua durante 5-6 horas.
-En invierno, cuando la calefacción está dada, simplemente colocar la olla sobre el radiador
-En verano se puede cambiar el agua cada 2 horas aproximadamente o “abrigar” la olla con una manta para que el calor se disipe más lentamente.
Transcurrido ese tiempo, sacar los botes del baño, taparlos individualmente y conservar en la nevera tanto tiempo como marque la fecha de caducidad del yogur original.

Con esta sencilla receta se pueden hacer tantas variantes como se desee, utilizando leche desnatada (teniendo en cuenta que al ser desnatado el resultado final será menos cremoso), semidesnatada, de cabra, añadiendo azúcar (que disolveremos completamente en la mezcla), poniendo en el fondo de los tarros mermeladas, muesli, siropes…. Y no sólo los hacemos a nuestro gusto, si no que por mucho menos dinero (apróximadamente la mitad) tenemos un producto exquisito.

Momentos embarazosos

15 diciembre, 2010

No se me despinta la vez que me crucé con un conocido lejano a la entrada de metro: venía hacia mi con los brazos abiertos, una sonrisa de oreja a oreja y el paso acelerado.
– Bueno, – pensé – , igual es que yo le caigo mucho mejor a él que él a mi; ¡Qué demonios! -, y le abrí los brazos dispuesta al achuchón… por su cara de espanto y la mirada fugaz por encima de mi hombro me di cuenta en el último segundo que la receptora real del abrazo venía dos pasos tras de mí y con mi mismo gesto acogedor. Casi estuve por decirle algo como “A la cola, guapa, que no me dan un buen abrazo todos los días…” pero mi natural timidez y el escarlata de nuestras tres caras me disuadió.
Francamente apenas recuerdo qué nos dijimos, porque hubo una breve conversación, eso seguro; pero creo que ha sido borrada por mi memoria selectiva.

O aquella que una cajera del hipercor me tuvo veinte minutos (os lo juro, 20) intentando encontrar qué parte de la caja de condones que acababa de comprar era la que pitaba. La pobre lo pasó fatal, estaba apuradísima y colorá (pasó de un leve rubor a un color remolacha subido), se le formó una fila impresionante que seguía con mucho interés las evoluciones de la dichosa cajita.
He de reconocer que lo pasó peor ella que yo; yo estaba muerta de la risa todo el rato pensando en la escena típica de las pelis, esa en la que el prota va, medio de incógnito, a comprar condones a la farmacia yanqui y preguntan el precio por megafonía y se entera todo el mundo…
Al final fue genial, porque la pobre mujer no encontró que narices era lo que pitaba y llamo a un guardia de seguridad para que me escoltara hasta la salida y disuadiera al resto de los securatas de tratarme como a una robagallinas cualquiera cuando aquello, una vez más, pitara…
Es la vez que más satisfacciones me ha dado una caja de doce, fijo.

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Mermelada de remolacha

1 Kilo remolacha
0.5 Kilo azúcar
2 limónes
agua
hinojo; en conserva, cantidad al gusto

Limpiar y pelar la remolacha.
Cortarla en lascas y cocerla hasta que esté tierna.
Escurrir, triturar junto a los brotes de hinojo (vienen ya cocidos) y reservar.
Hacer un almíbar cociendo el azúcar en un poco de agua (lo justo para que el agua cubra el azúcar) y dejándolo cocer hasta el punto de hebra.
Añadir el puré anterior y el zumo de dos limones.
Dejar cocer, removiendo de vez en cuando con una cuchara de madera, hasta que espese y la mermelada se separe del fondo al remover.
Rellenar los tarros y hacerles el vacío.
Dejar enfriar, etiquetar y guardar en la despensa.

Niveles

30 septiembre, 2010

Yo, en la superficie, soy una tía muy tímida y parezco bastante asocial. Vamos a ver; a priori nadie me parece malo, así en general… pero normalmente una charla intrascendente de 5 minutos (escucho más que hablo, y se que a veces eso desalienta a mis interlocutores) basta para que las personas dejen de interesarme. Como buena individualista en busca de soluciones comunitarias, tiendo a ser bastante brusca ante las banalidades y a escurrirme entre el humo y desaparecer. Hasta la próxima vez que coincidamos por casualidad, en la que casi siempre nos doy una segunda (y tercera y cuarta…) oportunidad de congeniar.

Como os decía: en la superficie. Porque luego, en el fondo, soy una tipa muy de intimidad, muy vísceral (corazón y cerebro, aún no tengo muy claro en que orden) y extremadamente celosa con mis afectos. Más de hechos que de palabras, mas de comunicar que de hablar y más de silencios que de parloteo. Claro que para esto los dos interlocutores tenemos que pasar al nivel de conquistador-conquistado y eso requiere tiempo y dedicación; pero a veces pasa, ¡se han dado casos!.

¿Qué eso consigue que me pierda muchas cosas?… No lo dudo. Pero hace que me quede con las brasas (y su calor constante) a despecho del inconstante fuego o del humo que acaba disipándose. Además no podría fingir lo contrario, ¡así que no me queda otra!

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Huevos ahumados

huevos frescos
sal ahumada
un recipiente hermético

Tomar tantos huevos como queramos ahumar, lavarlos bien con agua para eliminar las posibles impurezas y secarlos por completo con un paño limpio.
En el recipiente hermético (un taper, un frasco de boca ancha…) echar una capa de sal ahumada (la que se utiliza para ahumar el salmón) siguiendo las instrucciones del fabricante (dependiendo de la marca viene preparada para utilizarla tal cual o más concentrada para mezclarla con sal marina normal).
Colocar los huevos encima de manera que no se toquen entre ellos y cubrirlos por completo de sal ahumada.
Cerrar herméticamente y dejar reposar en la nevera; mínimo un par de días, para un ligero sabor ahumado o más tiempo, para aumentar el sabor.
Transcurrido el tiempo elegido sacar los huevos de la sal (reutilizable) y usarlos de manera normal.

Para los curiosos; este proceso se produce porque la cáscara de huevo es una membrana proteica calcificada que, pese a parecer sólida, es bastante porosa y permite un intercambio tanto de gases (en este caso el aroma ahumado) como de líquidos y microorganismos (por eso es tan importante lavar y secar los huevos de corral lo antes posible tras la puesta, para evitar la salmonelosis).
Este mismo proceso se usa para trufar los huevos (se utiliza trufa picada y no en tanta cantidad, claro, aunque se suelen dejar al menos una semana trufandose, para obtener un aroma ligero). De hecho de ahí es de donde saqué la idea y no entiendo porqué no se puede hacer con otros materiales aromáticos (especias, ajo, café…); tengo que probar!!!

Los viejos amigos

14 septiembre, 2010

Pueden pasar años sin verlos, meses sin siquiera hablar por teléfono, semanas enteras sin pensar en ellos, pero con sus propios recuerdos guardan las risas antiguas, los amores (incluso aquellos que al final no fueron tal), los planes de futuro malogrados, la complicidad de cientos de charlas y noches canallas; la esencia.

El tiempo pasa, nos mudamos de ciudad, nos arrugamos, hemos dejado de vernos porque la vida nos trae y nos lleva por caminos distintos… aún así, cuando la vida nos sonrie ellos son los primeros en enterarse, porque sólo hace falta un momento de complicidad para querernos como si nada.

Son pocos, muy pocos, y son los elegidos por el corazón, la verdadera famila selecta y electa.

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Tomates secos

Tomates
sal
sol
una red

Preparar una red que pueda ser colocada tensa sobre un bastidor o una rejilla de horno pastelero que podamos colocar de manera que le entre aire por debajo.
Escoger tomates muy maduros y sin imperfecciones, cuanto más carnosos mejor.
Eliminar el pedúnculo verde y lavarlos muy bien.
Cortarlos a lo ancho y quitar las pepitas y el zumo interior reservandolos para cualquier otro plato (no es imprescindible, pero si no las quitamos corremos el riesgo de que germinen).
Colocarlos sobre la rejilla al sol y salarlos.
Durante el día, dejarlos al sol todo el tiempo posible.
Por las noches, taparlos con un paño limpio y dejarlos donde están si el tiempo en vuestro lugar de residencia es cálido y seco; si no lo es, recogerlos y guardarlos en casa, y sacarlos de nuevo al sol en cuanto salga.
Cuatro o cinco días serán suficientes para que los tomates estén totalmente secos.

Conservarlos en una lata o caja de cartón en un lugar fresco y seco. Se pueden utilizar para realzar el sabor de muchas salsas o, rehidratandolos con aceite y especias, acompañar ensaladas, pizzas, masas de pan….