Archive for the ‘postre’ Category

¡Ah! ¡Picarona!

2 abril, 2013

mermeladafresaychocolate

¿Habéis visto la peli Fresa y chocolate?

Bien, pues… ¿porqué elegir pudiendo tenerlo todo? Eso sí, con un poquito de picante….

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Mermelada de fresa y cacao

1 Kg de fresas ya limpias
400 gr de azúcar
2 manzanas maduras
La ralladura de un limón
2 cucharadas soperas colmadas de cacao amargo
Una punta de cayena molida

Lavar, quitar el pedúnculo y trocear las fresas de manera que una vez limpias lleguen a pesar un kg.
Lavar las manzanas, descorazonarlas y trocearlas; no hace falta pelarlas, pero podéis hacerlo si no os agrada encontrar tropezones.
Poner ambas cosas en la olla, junto con la ralladura de limón y cubrir con el azúcar, removiendo hasta que sea homogéneo.
Guardar la olla en la nevera y dejar reposar al menos un par de horas (incluso una noche completa) para que la fresa suelte su jugo.
Poner a fuego fuerte hasta que hierva y después cocinar a fuego medio durante, al menos, media hora.
Dar un golpe de batidora o pasarlo completamente, dependiendo de si os gusta o no encontrar trocitos.
Verificar la consistencia de la mermelada sacando un poco en un platito y dejándola enfriar, si aún está demasiado líquida continuar la cocción hasta encontrar el punto adecuado.
Añadir el cacao amargo y la cayena en polvo (poca, la suficiente para que se note sin ser protagonista) y mezclar muy bien.
Cocer durante 5 minutos más y apagar el fuego.
Envasar en tarros y hacerles el vacío al baño maría como de costumbre.

Dejar enfriar, etiquetar y guardar en la despensa.

Podemos tomar esta mermelada como tal o acompañando témpuras de verdura, o como sustituto del aliño de algunas ensaladas.

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La Gran Concha y los 15 Milanos: un cuento para iniciados

10 octubre, 2012

Un buen día los milanos, hartos ya de sobrevolar el mundo contemplando la barbarie propiciada en tierra por la famosa “ley de la selva”, decidieron juntarse para intentar cambiar el mundo (ellos hasta entonces tan independientes, tan orgullosos de las cualidades que les hacían únicos).

No eran muchos, es cierto, y estaban en franca minoria respecto a la gran cantidad de especies distintas que forman la biodiversidad; pero, se dijeron, hoy somos los milanos, mañana nos juntaremos con las garzas, los pinzones, el resto de las aves… y algún día, si todo va bien, convenceremos a otras especies, terrestres, voladoras y acuaticas de que comer y ser comido no es la única manera de subsistir.

Se unieron en asambleas voladoras, intensos debates que transcurrian en pleno vuelo, siempre en movimiento, sin ningún sitio en el que pudieran posarse con tranquilidad para debatir la simbiosis, la cooperación y otras formas de vivir alternativas.

Llegaron a grandes acuerdos y con ellos fueron despertando las conciencias de individuos de otras especies, que poco a poco, fueron sumandose a la causa común; incluso especies con sus mismos anhelos y que hasta entonces habían permanecido en la “clandestinidad” que propicia la amistad entre individuos afines. Así los osos, los gatos, las salamandras y otras muchas especies se encontraron juntos caminado hacia los mismos objetivos.

Todo parecía ir bien, cada grupo tenía sus reuniones en los cubiles propios de su especie. Pero los milanos seguían sin poder posarse en lugar seguro por miedo a la oposición de muchas especies agresivas. Hasta que los caracoles se unieron a la causa común…

– Nosotros nos juntaremos y como buenos moluscos gasteropodos- dijeron- crearemos una gran concha común donde cualquier especie será bienvenida y donde vosotros, oh milanos, podreis tener un refugio para debatir y crear un mundo nuevo cuando el viento os sople en contra y no os permita volar. Juntos podemos construirlo: otras especies puede aportar ramas y piedrecitas que nosotros uniremos con nuestro cemento natural.

Como en cualquier agrupación hay individuos de todo tipo y entre los gasteropodos no va a ser menos; había alguno con muy mala baba, reconozcamoslo. Pero eran trabajadores y conocian el oficio de hacer casas. Así que se pusieron a la tarea junto con muchas otras especies.

En todas las especies sucedía lo mismo; Cabe destacar el caso de los milanos que, con su larga vista, su capacidad de sobrevolar el mundo y los agudos gritos con los que se comunican a largas distancias, avanzaban en la causa común rápidamente. Pero tambien tenian entre sus bandadas una familia disidente, los Rostrhamus Sociabilis (a los que comunmente conocemos como Milanos Caracoleros), que pese a hacer enormes esfuerzos en un principio, no podían negar su naturaleza de grandes comedores de caracoles.

Esos pocos Milanos Caracoleros (recordemos que pertenecen a una especie en extinción de los que apenas quedan unas 400 parejas en el mundo) acechaban a los constructores; inicialmente de manera casi involuntaria, pero cada vez más decididos cuando su futura cena se refugiaba en su concha o resbalaba cuestaabajo (al más puro estilo surfista) sobre su propia baba, para evitar convertirse en el plato principal.

La escalada de acecho y huida se convirtió en masacre:

Los milanos caracoleros que habían sobrevivido a las estrategias de los caracoles para dejarles sin comer, intentaron lanzar una última ofensiva contra la Gran Concha común, donde los gasteropodos, también diezmados debido a la voracidad de las aves, intentaban refugiarse doblando la protección de su concha natural con las paredes creadas por todas las especies implicadas en el pro-común.

El resultado del cerco a la Gran Concha se recuerda como una leyenda. Hay quien dice que las especies implicadas en la construcción defendieron con garras y dientes el refugio y a los constructores, otros dicen que hubo mediaciones y tributos a los milanos, incluso hay quien afirma (y dicen saberlo de buena tinta) que la algarabia fue aprovechada por las especies opositoras más agresivas (con la complicidad de otras que aún eran presas del miedo a la “ley de la selva”) para zamparse a los individuos y destruir cualquier atisbo de unión inter-especifica. No está nada claro, porque los 15 Milanos supervivientes perdieron, en la rellerta, la capacidad de comunicarse con otras especies y la Gran Concha desde entonces permanece oscura y vacía, probablemete deshabitada.

Aunque nadie ha revisado aún todos sus sótanos, en los cuales, algunos afirman que aún sobrevive un tenaz grupo de caracoles…

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Pastel de zanahoria y coco

3 bases de tarta, bizcocho casero cortado en láminas o bollos suizos, pan de leche….
1000 g de zanahorias
100 g de azúcar
150 g de coco rallado

Para emborrachar
100 g de brandy, coñac o el licor que nos guste (con o sin alcohol, para los peques)
100g de agua
2 cucharadas soperas de azúcar

En primer lugar ponemos a cocer las zanahorias en agua.
Mezclamos el brandy, el agua y el azúcar removiendo hasta que el azúcar se disuelva. Reservar.
Cuando estén cocidas, escurridas y templadas, añadir el azúcar y se tritura con la batidora hasta que quede una cremita fina y añadimos el coco (se reserva un poquito para decorar) y mezclamos bien. Reservamos.

Montar la tarta:
– Colocar una base de tarta (o lámina de bizcocho o bollos suizos cortados en láminas – para que aguante la forma, en este último caso, los colocamos dentro de un aro grande de emplatar-)
– Emborrachamos el bizcocho regando con la mezcla de azúcar, brandy y agua.
– Encima le repartimos la tercera parte de la crema de zanahoria, de manera que quede una capa homogénea en altura.
– Cubrimos con la siguiente base (o lámina…) y repetimos el proceso 2 veces más de manera que la tarta quede: Bizcocho Borracho+ Relleno+ BB +R+ BB+R

Esta ultima capa de relleno la decoramos a nuestro gusto con coco rallado, dibujos con el relleno tirado a manga, virutas de chocolate con leche… etc. También podemos cantear la tarta, es decir cubrir todos los bordes en altura con parte del relleno espolvoreado de coco…

Capricho dulce

13 abril, 2012

Creábamos un nuevo color de carmín cuando, por fin, nos decidimos a mezclar alientos, bocas y lenguas, con el ansia doble nacida de la expectación y lo prohibido.

Chocábamos como piezas de un rompecabezas que no cuadraban a la primera, que costaba encajar; huecos y volúmenes idénticos que no se guiaban por el instinto, que se estudiaban lentamente para encontrarse, finalmente, anudados.

Perseverábamos, con la fuerza de la constancia y con la sutileza que da la sabiduría propia en un cuerpo ajeno. Mediamos la urgencia, la fuerza, el ritmo; surgía, así, de una manera distinta el resultado cotidiano.

Como si de un vino suave se tratase, repetíamos. Copa tras copa hasta que el cuerpo no aguantaba ya, ebrio.

Y yo aquí, tan sobria desde hace tanto tiempo…

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Jalea o mermelada de vino tinto

Una botella de vino tinto
500 gr de manzanas
600 ml de agua
Azúcar
Una cucharadita de pimienta rosa y blanca en grano
Agar-agar en polvo (opcional)

Lavar y trocear las manzanas, corazón y piel incluidos.
En una olla poner a cocer las manzanas, la pimienta, el vino (usa un vino que beberías con agrado) y el agua.
Cuando rompa a hervir cocer destapado a fuego medio, para que vaya reduciendo, mientras las manzanas se cuecen hasta deshacerse. Aproximadamente 40-60 minutos.
Colar el resultado en un colador fino o con una muselina y medir el volumen de líquido resultante.
Poner el líquido a cocer de nuevo añadiendo la mitad de peso en azúcar por cada volumen de líquido (50 gr por cada 100 ml,…)
Cocer a fuego vivo removiendo de vez en cuando al menos durante 20 minutos si queremos hacer mermelada o hasta que espese ligeramente si queremos hacer jalea.

Si se quiere que el resultado final sea una mermelada, volver a medir el volumen de líquido y añadir el agar-agar en polvo según las instrucciones del fabricante.
Cocer 5 minutos más sin dejar de remover.

En ambos casos, pasar el resultado a tarros esterilizados y hacer el vacío, cociéndolos durante 30 minutos.
Dejar enfriar, etiquetar y guardarlos en una despensa oscura.

Tanto la mermelada como la jalea son un buen acompañamiento para quesos de todo tipo, carnes e, incluso, como parte del aliño de ensaladas.

Pequeñeces

6 marzo, 2012

Las pequeñas decepciones ocupan un pequeño lugar. Pero se juntan muchas a diario y, a pesar de ser ligeras, ese lugar va aumentando poco a poco de densidad.
¿Llegará el día que sea como un agujero negro de masa infinita y volumen tendente a cero?

No me gustaría estar por los alrededores cuando eso suceda, que seguro que me hace puré.

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Pasteles de patata

600 gr de patata cocida
300 gr de azúcar
200 gr de almendras crudas
2 manzanas
6 yemas de huevo

Lavar las patatas y manzanas y quitarles el corazón a estas últimas.
Poner a cocer las patatas con su piel y a asar las manzanas.
Moler las almentras en el punto que más nos guste; muy fino, como harina, o en forma de granillo si queremos que los pasteles tengan un poco de textura.
Cuando las patatas estén cocidas, pelarlas y pasarlas por el pasapurés.
Mezclarlas con el azúcar mientras estén lo más caliente posible.
Añadir las almendras molidas e integrar bien.
Añadir la pulpa de las manzanas e integrar bien.
Dejar templar antes de añadir las yemas de huevo.
Añadirlas y mezclar bien.
Engrasar y enharinar un molde amplio mientras se precalienta el horno a 200º.
Verter la mezcla en el molde formando una capa de unos 2 cm de alto.
Hornear unos 20-25 min, dependiendo del horno; hasta que esté dorado y al pinchar un palillo este salga limpio.
Apagar el horno y dejar el pastel dentro hasta que esté templado.
Cortar en porciones y presentarlas con la parte dorada como base.
Decorar al gusto; frutos secos, miel, mermeladas, nata, merengue, frutas, sésamo…

Masoquismo de salón

26 agosto, 2011

Tenia el don de conseguir que algo pareciera una estupidez sólo por la manera en que lo escuchaba: te clavaba toda su atención sin siquiera levantar una ceja cuando veía que no podías parar tu lengua. Y esperaba, paciente, hasta que le habías contado tus más íntimos secretos.

Era escalofriante.

Y no falté ni a una sola de mis citas con él.

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Mermelada de tomate

1 kilo de pulpa de tomates maduros
500 gramos de azúcar
zumo de un limón
20 clavos de especia

Pelar los tomates escaldandolos en agua hirviendo durante 30 segundos (si antes de escaldarlos se les hace un corte superficial en forma de cruz este trabajo es mucho más sencillo)
Córtalos por la mitad y retirar las semillas.
Trocearlos y depositar la pulpa de los tomates en un recipiente grande.
Espolvorear con el azúcar y regar con el zumo de limón.
Déjarlo reposar en el frigorífico durante 12 horas.
Añadir el clavo y ponerlo en una cazuela en el fuego, cociendo lentamente durante una hora y removiendo con una cuchara de madera.
Retirar los clavos.
Darle un golpe de batidora de manera que los trozos no se desagan del todo, sólo para que el almibar coja consistencia.
Poner en frascos esterilizados y hacerles el vacío cociendolos al baño maria durante 30 minutos.
Enfriar, etiquetar y guardar en la despensa.

Tiempo de cerezas

20 junio, 2011

Llega el tiempo de cerezas, de recoger frutos, comerlos sin bajar de la escalera y seguir recogiendo, empachados pero felices.

Después de once años de vivir juntos y diez de hacerlo como pareja (¡ah, ese primer año en que nos caíamos tan mal….!) es buen momento para parar y rememorar la complicidad, las batallas (mutuas y ajenas) y las risas, sobre todo las risas; porque, sentimientos aparte, ha sido un tiempo muy divertido.

Aprovechando que vamos al sur a celebrarlo, podremos tomar el calor como excusa y empezar de cañas tras el desayuno; así las fotos nos darán más juego, por lo difícil que es recordar, tras varias birras, donde y cuando narices las hicimos y, sobre todo, porqué…

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Tarta de cerezas
Raciones: 6-8

Para la masa quebrada:
200 gr de harina
100 gr de margarina
60 ml de agua
Para el relleno:
1/2 kilo de cerezas maduras, deshuesadas
250 ml de agua
1 cucharadita de azúcar vainillado
3 cucharadas soperas de maizena
Colorante alimentario rojo (dependiendo de la variedad de cereza)

Mezclar con un tenedor la mantequilla con la harina, echar el agua, y terminar de amasar con la mano.
Formar una bola con la masa, tapar con papel film y guardar en la nevera durante 4-6 horas.
Calentar al fuego las cerezas sin agua (enteras sin hueso o partidas por la mitad) durante unos cinco minutos, sin dejar de remover.
Sacar del fuego, colar y reservar el líquido que suelten.
Mezclar el agua, el azúcar y la maizena.
Añadir las cerezas y cocer durante unos minutos más hasta que espese un poco.
Añadir el líquido de la primera cocción de las cerezas (si la variedad de fruta no es muy roja podemos mezclar con un poco de colorante alimentario para que el resultado sea más vistoso), cocer un par de minutos más, mezclando bien, y reservar.
Precalentar el horno a 220º.
Separar la masa en dos partes y estirarlas con un rodillo sobre una superficie enharinada hasta que tenga el tamaño necesario para cubrir por completo un molde redondo de unos 20 cm de diámetro.
Con una parte cubrir la base del molde.
Añadir el relleno de las cerezas y cubrirlo con tiras de aproximadamente un centímetro de ancho, colocadas formando una cubierta enrejada que deja ver el relleno.
Hornear durante 35-40 minutos.
El resultado es una tarta con mucho sabor a fruta y nada dulce, que va perfecta acompañada de helado o crema de chocolate blanco.

Aprender desde los márgenes

6 junio, 2011

Me he encontrado este ameno vídeo que ilustra perfectamente cómo aprendemos muchas de las cosas que nos dan una cierta calidad de vida. Y os dejo mi aporte, por pequeño que sea.

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Yogur griego
Raciones: 6

Un yogur griego
Un litro de leche entera
Tarros de cristal con tapa
Una olla grande con tapa
Agua caliente

En un recipiente mezclar el yogur con un poco de leche y diluirlo completamente.
Mezclar con la leche restante hasta que quede homogeneo.
Rellenar con el resultado los tarros de cristal.
En la olla poner agua caliente (se puede utilizar la del grifo del agua calente – que sale a unos 50º, la temperatura ideal-) hasta más o menos la mitad de la altura de los tarros.
Introducir los tarros con el yogur, destapados, en la olla y tapar esta con su tapa.
Mantener constante la temperatura del agua durante 5-6 horas.
-En invierno, cuando la calefacción está dada, simplemente colocar la olla sobre el radiador
-En verano se puede cambiar el agua cada 2 horas aproximadamente o “abrigar” la olla con una manta para que el calor se disipe más lentamente.
Transcurrido ese tiempo, sacar los botes del baño, taparlos individualmente y conservar en la nevera tanto tiempo como marque la fecha de caducidad del yogur original.

Con esta sencilla receta se pueden hacer tantas variantes como se desee, utilizando leche desnatada (teniendo en cuenta que al ser desnatado el resultado final será menos cremoso), semidesnatada, de cabra, añadiendo azúcar (que disolveremos completamente en la mezcla), poniendo en el fondo de los tarros mermeladas, muesli, siropes…. Y no sólo los hacemos a nuestro gusto, si no que por mucho menos dinero (apróximadamente la mitad) tenemos un producto exquisito.

“Bodas de plata”

9 marzo, 2011

Tal día como hoy, hace 25 años:
Ali, Musi y yo fuimos las únicas de nuestro curso que decidimos no ir a que los embadurnaran la frente de ceniza y nos quedamos en el patio del colegio despotricando de la iglesia.
De ahí surgió la amistad más duradera y una de las más profundas de mi vida.

Han pasado un montón de cosas, incontables novios y amigos, decenas de borracheras y resacas, muchas tortitas con nata en la cafetería de Saul, un puñado de ciudades y casas nuevas, de viajes para poder vernos, incluso llegan las futuras generaciones… Y sin embargo parece que fue ayer; porque hay cosas que no cambian, sólo mejoran.

Que las quiero más y mejor; y no digo más, que me pongo tierna…

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Crêpes suzette
Raciones: aprox 15 crêpes, 5 raciones

Para las obleas:
2 huevos
100 gramos harina
150 mililitros leche
aceite de oliva

crema pastelera (1/4 de la RECETA)

Para la salsa:
mantequilla
zumo de naranja
Cointreau o vino dulce

Preparar la crema pastelera* según ESTA receta. Y dejarla enfriar.

Preparar las obleas:
Mezclar los huevos batidos, la leche y la harina hasta que quede homogéneo.
Calentar una sartén al fuego y aceitarla con una gota de aceite.
Echar la cantidad suficiente para que cubra el fondo de la sartén en una capa fina.
Cuando esté cuajado, dar la vuelta y dorar por el otro lado.
Sacar, reservar y repetir el proceso hasta que se acabe la masa.

Cuando las obleas estén tibias, untarlas de crema pastelera y doblarlas en cuatro formando un triangulo.
Reservar.

Justo antes de servirlas preparar la salsa:
Disolver la mantequilla suficiente para cubrir el fondo de una sartén (a fuego suave).
Añadir las crêpes rellenas con cuidado para que no se rompan y dorar ligeramente por ambas caras.
Añadir un chorro generoso de cointreau o vino dulce y flambear.
Añadir el zumo de naranja (una naranja exprimida por cada 3 crêpes, mas o menos) y reducir.

Servir inmediatamente.

En la receta clásica se le añade azúcar a todos los procesos (tanto a las obleas como a la salsa), pero para mi es excesivo, para mi paladar ya están suficientemente dulces sólo con el dulzor que da la crema pastelera.

Princesita

19 enero, 2011

No se que hacer; han dado las doce y los harapos se han convertido en mi modelito de diseño, la calabaza es otra vez mi cochazo (aunque los dichosos Manolos de cristal siguen encojiendo mis deditos) y lo que antes eran varios simpaticos ratoncitos vuelven a ser los estirados de mis asistentes…

Así no hay manera de ligarme al jardinero… maldita lucha de clases!

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Mermelada de calabaza

900 gr de calabaza
300 gr de azúcar
1 cucharada sopera de jengibre fresco, rallado
zumo de un limón
1 palo de canela

Limpiar de pepitas la calabaza, la pelamos y cortamos en daditos pequeños.
La mezclamos bien con el azúcar y dejamos reposando toda la noche.
Al día siguiente habrá soltado todo su líquido.
Poner al fuego junto con la canela, el jengibre rallado y el zumo del medio limón, primero a fuego fuerte hasta que hierva y luego bajaremos a fuego lento.
Remover con cuidado de que no se pegue y le daremos unos golpes de batidora para que se deshaga un poco la calabaza, pero con cuidado de no triturarlo todo.
Dejar la mermelada durante unos 45-60 minutos hasta que tenga consistencia de mermelada.
Poner en botes previamente esterilizados al baño maría para que se conserven entre 6meses-1 año o boca abajo durante 24h para que se conserven hasta 3 meses.

Momentos embarazosos

15 diciembre, 2010

No se me despinta la vez que me crucé con un conocido lejano a la entrada de metro: venía hacia mi con los brazos abiertos, una sonrisa de oreja a oreja y el paso acelerado.
– Bueno, – pensé – , igual es que yo le caigo mucho mejor a él que él a mi; ¡Qué demonios! -, y le abrí los brazos dispuesta al achuchón… por su cara de espanto y la mirada fugaz por encima de mi hombro me di cuenta en el último segundo que la receptora real del abrazo venía dos pasos tras de mí y con mi mismo gesto acogedor. Casi estuve por decirle algo como “A la cola, guapa, que no me dan un buen abrazo todos los días…” pero mi natural timidez y el escarlata de nuestras tres caras me disuadió.
Francamente apenas recuerdo qué nos dijimos, porque hubo una breve conversación, eso seguro; pero creo que ha sido borrada por mi memoria selectiva.

O aquella que una cajera del hipercor me tuvo veinte minutos (os lo juro, 20) intentando encontrar qué parte de la caja de condones que acababa de comprar era la que pitaba. La pobre lo pasó fatal, estaba apuradísima y colorá (pasó de un leve rubor a un color remolacha subido), se le formó una fila impresionante que seguía con mucho interés las evoluciones de la dichosa cajita.
He de reconocer que lo pasó peor ella que yo; yo estaba muerta de la risa todo el rato pensando en la escena típica de las pelis, esa en la que el prota va, medio de incógnito, a comprar condones a la farmacia yanqui y preguntan el precio por megafonía y se entera todo el mundo…
Al final fue genial, porque la pobre mujer no encontró que narices era lo que pitaba y llamo a un guardia de seguridad para que me escoltara hasta la salida y disuadiera al resto de los securatas de tratarme como a una robagallinas cualquiera cuando aquello, una vez más, pitara…
Es la vez que más satisfacciones me ha dado una caja de doce, fijo.

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Mermelada de remolacha

1 Kilo remolacha
0.5 Kilo azúcar
2 limónes
agua
hinojo; en conserva, cantidad al gusto

Limpiar y pelar la remolacha.
Cortarla en lascas y cocerla hasta que esté tierna.
Escurrir, triturar junto a los brotes de hinojo (vienen ya cocidos) y reservar.
Hacer un almíbar cociendo el azúcar en un poco de agua (lo justo para que el agua cubra el azúcar) y dejándolo cocer hasta el punto de hebra.
Añadir el puré anterior y el zumo de dos limones.
Dejar cocer, removiendo de vez en cuando con una cuchara de madera, hasta que espese y la mermelada se separe del fondo al remover.
Rellenar los tarros y hacerles el vacío.
Dejar enfriar, etiquetar y guardar en la despensa.