Archive for 29 noviembre 2010

Supercoco

29 noviembre, 2010

Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡¡Es Supercoco!!

Hoy en día los supercocos (todo buen rollito y buenas intenciones) ya no abundan. El que triunfa a estas alturas es el Capitán Obvio (detectar y señalar obviedades es su superpoder, RegimenAbierto informando por si no estaba ya claro).

Como todo buen superheroe ha de tener un alter-ego que vive en el anonimato, pero, no se… me da la impresión de que he descubierto quien es o quienes son: me refiero a los politicos, claro.

Porque, seamos sinceros, se les escapan los superpoderes cada vez que abren la boca, aunque otras veces dicen autenticas majaderías o directamente legislan verdaderas maldades que sólo se llegan a ver a posteriori… lo que me lleva a dudar de si aquí estamos tratando con el Capitan Obvio, el SuperPapanatas o directamente con el Doctor Maligno.

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Bolitas de coco
Raciones: 20 ud

500 ml leche de coco
100 gr almendras, crudas
50 gr azúcar
100 gr coco, rallado
Fideos de chocolate o coco rallado o cacao en polvo para decorar

Poner a fuego medio la leche de coco con el azúcar.
Triturar las almendras finamente hasta conseguir harina de almendras.
Añadirla a la cocción y reducir, cociendo a fuego medio, hasta que el volumen final sea más o menos la mitad del inicial y la mezcla espese.
Dejar templar y añadir el coco rallado.
Ha de quedar una masa firme y un poco pegajosa al tacto.
Hacer bolitas del tamaño de una nuez con esta pasta y rebozarlas en cacao, fideos de chocolate o coco rallado antes de ponerlas en las cápsulas de papel.
Enfriar por completo en la nevera antes de servir.

¿Quién no?

21 noviembre, 2010

¿Quién no ha utilizado alguna vez una taza como cenicero, un lápiz de labios para escribir en un espejo, una revista para calzar la mesa?

¿Quién de nosotros no ha usado nunca un billete de metro para hacer un filtro, un libro para guardar hojas o flores, una cita inexistente para escapar de una visita inesperada?

¿Quién no se ha equivocado alguna vez cogiéndole la mano a un desconocido entre la multitud, revelando un secreto que nos contaron como si no lo fuera, “blasfemando” delante de un creyente?

¿Quién, decidme, no ha sacado alguna vez las cosas de su contexto habitual y ha descubierto maravillas?

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Bizcochitos de patata
Raciones: 30

480 gramos patatas; peladas y cocidas
300 gramos azúcar
3 huevos
azúcar vainillada
harina
papel de arroz o de patata

Pelar y cocer las patatas.
Escurrirlas y hacerlas puré con un tenedor o con el pasapurés.
Añadir el azúcar y el azúcar vainillada y mezclar bien.
Separar las claras de la yema.
Cuando la mezcla esté templada, añadir las yemas y mezclar bien de manera que quede una masa suave.
Batir las claras a punto de nieve y añadirlas a la mezcla anterior, mezclando sin batir para que las claras no bajen. El resultado es una masa ligera, tipo mousse.
Espolvorear una placa de horno con harina (o usar una lámina antiadherente en el fondo de la placa), cortar el papel de patata o arroz al tamaño deseado y colocar los trozos en el fondo de la placa.
Precalentar el horno a 180 º.
Con una cuchara o a manga, repartir la mezcla sobre cada papel comestible dándole la forma deseada, quedarán galletas si ponemos una porción redondeada o bizcochos si las hacemos alargadas.
Hornear durante 20-25 min, hasta que empiecen a dorarse por los bordes.
Sacar del horno, dejar enfriar un par de minutos y sacarlos a una rejilla para que acaben de enfriar.
Cuando estén completamente fríos recortar el papel sobrante de la base y servir.

Podemos decorarlos con mermelada mientras aún estén calientes.
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He modificado la receta, en cuanto a tiempo y temperatura de horno, pues al usar un horno más potente de lo habitual (y mejor, todo hay que decirlo) quedaban demasiado tostados. El punto ideal es cuando los bordes de los bizcochos se doran ligeramente; de esta manera nos quedan unos bizcochitos húmedos, tipo soletilla.

Ana

13 noviembre, 2010

Ana es bajita para su edad, es regordeta y lleva gafas. Tiene aficiones raras, como pintar al oleo o jugar con muñecas recortables (para las que dibuja y recorta todo tipo de vestidos). Es una niña muy inquieta que sale a la calle a jugar todas las tardes hasta que se encienden las farolas (momento en el que se oye el grito de su madre que la llama a casa desde la ventana- Aaaanaaa, sube yaaaa- que se confunde entre los de las otras madres en las otras ventanas) y tiene perpetuamente las rodillas rojas de rasponazos curados con mercromina y un beso, porque además le gusta subirse a los árboles a recoger fruta y hacer el cabra en los columpios. Cree firmemente que es su propio aliento el que hace que haya viento y, en los días que corre el aire, sopla fuerte para que su soplido de la vuelta al mundo mientras se hace cada vez más grande y lo recibe multiplicado (satisfecha por la misión cumplida) en plena cara.

Y también lee, lee en cuanto tiene un minuto de tranquilidad y se ha apropiado de varios nidos de lectura. Como tiene una habitación para ella sola, se ha fabricado un rinconcito en su armario, le ha puesto una lámpara en la pared y lo ha tapizado con grandes cojines. Cuando se despierta los sábados por la mañana (a la hora de ir al cole, pues ya tiene la costumbre) sale de la cama llevándose la manta y un libro y se mete en el armario; cierra la puerta, da la luz, abre el libro y enciende su imaginación. En invierno le da la vuelta al sillón del salón, se pone de cara a la pared con los pies sobre el radiador y, envuelta en una manta, abre su libro. En verano se acurruca la hamaca de la terraza a la hora de la siesta (el único momento del día en que puede ocuparla sin tener que pelear por ese privilegio- ser la pequeña es lo que tiene-) y, en vez de dormir, lee. Tiene siempre abierto un libro delante de su plato durante las comidas y los viajes en tren no son viajes si no ha pasado por la librería de la estación antes de salir.

Aún no tiene amigos de verdad, pero años después utilizará todas esas historias (las que le pasan de verdad y las que le pasan en los libros) para hacer dormir a sus amigas adolescentes en las noches de “quedarse a dormir” y luego, aún muchos años mas tarde, a los hijos de estas.

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Tarta de manzana y pera
Raciones: 8

2 peras
1 manzana
250 gramos harina
75 gramos margarina
2 cucharaditas levadura; en polvo
0.5 vaso azúcar
2 huevos
2 cucharadas soperas canela
1 vasito coñac
zumo de 1 limón

Pelar y quitar el corazón de peras y manzanas.
Cortarlas en láminas delgadas.
En un cuenco mezclar el zumo de limón, el coñac y una cucharada de canela en polvo con la suficiente cantidad de agua como para que toda la fruta quede sumergida.
Dejar macerando mientras se hace la masa.
Mezclar la harina, una cucharada de canela, la levadura en polvo y el azúcar.
Añadir la margarina y mezclar con la punta de los dedos, hasta que la harina tenga un aspecto arenoso.
En el centro, quebrar los huevos y, sin amasar, hacer una pasta más bien blanda.
Estirarla con los dedos en un molde de tarta engrasado y enharinado (o de silicona), hasta cubrir toda la superficie inferior y los bordes con una lámina fina y homogenea (enharinandonos las manos evitaremos que la masa se nos pegue a los dedos).
Disponer sobre la masa las laminas de manzana y pera haciendo dibujos.
Precalentar el horno a 180º y hornear durante 30 minutos.
Dejar enfriar, desmoldar y servir.

Se puede hacer un almibar a punto de hebra con un poco de la mezcla en la que hemos sumergido la fruta y azúcar y pintar con él el pastel mientras aún está tibio, para emborrachar la tarta y darle brillo.

El Rubio

9 noviembre, 2010

Escribir sobre el rubio no es tarea fácil porque, aunque le conozco hace casi quince años, sigue siendo para mi un enigma.

Es como ir por el campo, en otoño con las manos desnudas, encontrarte con una castaña envuelta en su abrigo de pinchos y querer comértela. Nueve de cada diez veces acabas pinchándote los dedos con las púas. Sólo si tienes mucha paciencia y esperas lo suficiente la cáscara defensiva se seca y se cae por si sola; aún tienes que lidiar con otras dos capas y, sólo tras mucho trabajo, consigues acceder al interior. Pero aún entonces te das cuenta de que no están ricas de verdad a menos que las cocines.

Mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucha paciencia. Pero, a menos que te descuides y en el momento de cocinarlas se te acaben quemando, el resultado es exquisito, aunque hay que tomarlo en pequeñas dosis…

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Crema aterciopelada de castañas
Raciones:2

200 gr castañas, peladas
100 gr patata
0.5 l caldo de verduras
brotes de hinojo, en conserva
Sal
un chorro de nata

Pelar 300 gr de castañas, para que se queden en 200 gr.
Para ello hacemos un corte en cada fruto y las hervimos unos 10 minutos en abundante agua con sal, las escurrimos y pelamos con la ayuda de un cuchillo y bastante paciencia.
Colocar las castañas en una olla pequeña con la patata cortada en lascas, el hinojo y el caldo de verduras.
Cocer a fuego moderado durante, al menos una hora y media, si es necesario podemos añadir un poco más de caldo o agua.
Batir bien el resultado y continuar la cocción.
Añadir un chorro generoso de nata líquida, dar un hervor, poner a punto de sal y servir.

Es una crema muy contundente, así que recomiendo servirla muy caliente pero en cuencos pequeños, adornándola con un poco de hinojo picado o una castaña pequeña y entera rescatada a media cocción.

Cuentos chinos

5 noviembre, 2010

Cuando no puedo dormir por las noches, tengo varios remedios; unos me gustan más que otros.

Me encanta leer e ir notando como, poquito a poco, se me van cerrando los ojos e intento prestar atención… pero invariablemente, a la mañana siguiente, tengo que volver a leer la última página porque no me he enterado de nada.

También me gusta mucho escuchar algún audiolibro, con los cascos puestos o el altavoz especial que tengo para poner debajo de la almohada si duerno acompañada.

Pero sin duda niguna la mejor manera de dormirme es cuando mi consorte accede a contarme alguna historia…
“- Cuéntame un cuento, porfa.
– ¿Tema?
– No se, matemáticas, física, informática… algo que te mole y de lo que no entienda nada, para que no tenga que seguirte el hilo…
– Veamos… En 1637, Pierre de Fermat escribió en el margen de su copia del Arithmetica de Diofanto: “Es imposible descomponer un cubo en dos cubos, un bicuadrado en dos bicuadrados, y en general, una potencia cualquiera, aparte del cuadrado, en dos potencias del mismo exponente. He encontrado una demostración realmente admirable, pero el margen del libro es muy pequeña para ponerla”. Esto dejó desconcertados a los matemáticos durante siglos, hasta que en 1994, Wiles demostro que bla, bla, bla…
– Zzzzzz”

¡Infalible, oiga!, yo me quedo frita al instante y él pasa la noche en vela pensando en la historia de la ciencia…

Aunque también es cierto que hay otras cosas, que implican más actividad, que también me ayudan a dormir…

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Ensalada templada de setas chinas
Raciones: 4

0.5 berenjena
1 tomate
0.5 pimiento rojo
0.5 pimiento verde
10 setas negras deshidratadas
lechuga
2 cucharadas soperas sésamo; crudo
aceite
vinagre de frambuesa
sal
salsa de soja

Poner las setas chinas deshidratadas en un cuenco y añadir agua hirviendo y un buen chorro de salsa de soja.
Dejar hidratar mientras preparamos el resto de los ingredientes.
Picar en cuadraditos y reservar por separado los pimientos limpios y sin pepitas, la berenjena pelada y el tomate.
Cortar en juliana la lechuga.
Poner una sartén con un poco de aceite y dorar la berenjena picada.
Sacarla a la ensaladera escurriendo el aceite sobrante.
En la misma sartén con el mismo aceite dorar el pimiento picado.
Sacarlo a la ensaladera escurriendo, si hay, el aceite sobrante.
Mientras doramos el pimiento, escurrir las setas y picarlas en juliana, reservando algunas para decorar.
En la misma sartén rehogar ligeramente las setas.
Sacarlas a la ensaladera.
En la misma sartén tostar el sésamo, con cuidado de que no se queme.
Sacarlo a la ensaladera y añadir el tomate picado y la lechuga.
Añadir la sal y mezclar bien.

Servir templada, decorando el plato con las setas enteras que reservamos antes y con unos hilos de vinagre de frambuesa.

Chachi que sí!. Fijo!. Descarao!

2 noviembre, 2010

Hay palabras que se gastan con el uso y de tanto darles vueltas han perdido su significado original y se han transformado (eso en el mejor de los casos, porque hay veces que puedes mantener una conversación completa con palabras que ya no significan nada).

Es una pena pero palabras que designaban conceptos básicos ya no hay quien las entienda; como libertad, que hoy se utiliza para hablar de libertad económica (que viene a significar esclavitud, paradoja entre las paradojas); democracia para representar a un bipartidismo formal (ya que en el fondo, y como diría mi abuela “pájaros y pardales, todos son iguales”) e incluso, la tan cacareada “amor”, la mitad de las veces se utiliza para definir un estado difuso mezcla de desasosiego, deseo y miedo a estar solo (y ¡Ala! cárgate de un plumazo todas las formas de amor que no tienen que ver con el amor romántico).

Y es que, en estos tiempos hay que ser políticamente correcto (y mentir sútilmente en el discurso común – y es que tiene bemoles llamar al despido reestructuración de plantilla, o amigos a los contactos de facebook..-) y ya no nos queda ni el consuelo de llamar a las cosas por su nombre. Cuando calificas, por ejemplo, a una familia de disfuncional… no se, es un insulto fino pero le falta cuerpo, gracia; aunque a veces puede ser eficaz, porque el que se pica…

Aunque siempre nos quedará el insulto bestia y con intención, ese no cambia, no se recicla. Y es un consuelo.

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Fritailla de calabaza
Raciones: 2-3

500 gramos calabaza; limpia
1 tomate seco
2 dientes ajo
1 cucharada sopera pulpa de pimiento choricero o pulpa de ñora
1 cucharadita orégano
vinagre
aceite de oliva virgen extra
sal

Hidratar los pimientos choriceros o las ñoras durante unos minutos en agua caliente y coger la pulpa. Picarla.
Picar el tomate seco.
Picar los ajos.
Pelar y trocear la calabaza en lascas irregulares y la ponemos al fuego flojo, tapada, con un chorrito de aceite y sal, moviendo de vez en cuando, durante 20 minutos.
Mientras, aparte, hacer un sofrito con los ajos, el tomate seco, el orégano y la pulpa del pimiento.
Añadir un chorrito de vinagre y apagar el fuego.
Añadir este sofrito a la calabaza, mover 5 minutos y apartar del fuego.

Esta receta es una delicia fría, sobre pan tostado, o caliente como principal o guarnición.

Se le pueden añadir unos taquitos de chorizo, bacon o jamón fritos aparte.