Archive for 30 septiembre 2010

Niveles

30 septiembre, 2010

Yo, en la superficie, soy una tía muy tímida y parezco bastante asocial. Vamos a ver; a priori nadie me parece malo, así en general… pero normalmente una charla intrascendente de 5 minutos (escucho más que hablo, y se que a veces eso desalienta a mis interlocutores) basta para que las personas dejen de interesarme. Como buena individualista en busca de soluciones comunitarias, tiendo a ser bastante brusca ante las banalidades y a escurrirme entre el humo y desaparecer. Hasta la próxima vez que coincidamos por casualidad, en la que casi siempre nos doy una segunda (y tercera y cuarta…) oportunidad de congeniar.

Como os decía: en la superficie. Porque luego, en el fondo, soy una tipa muy de intimidad, muy vísceral (corazón y cerebro, aún no tengo muy claro en que orden) y extremadamente celosa con mis afectos. Más de hechos que de palabras, mas de comunicar que de hablar y más de silencios que de parloteo. Claro que para esto los dos interlocutores tenemos que pasar al nivel de conquistador-conquistado y eso requiere tiempo y dedicación; pero a veces pasa, ¡se han dado casos!.

¿Qué eso consigue que me pierda muchas cosas?… No lo dudo. Pero hace que me quede con las brasas (y su calor constante) a despecho del inconstante fuego o del humo que acaba disipándose. Además no podría fingir lo contrario, ¡así que no me queda otra!

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Huevos ahumados

huevos frescos
sal ahumada
un recipiente hermético

Tomar tantos huevos como queramos ahumar, lavarlos bien con agua para eliminar las posibles impurezas y secarlos por completo con un paño limpio.
En el recipiente hermético (un taper, un frasco de boca ancha…) echar una capa de sal ahumada (la que se utiliza para ahumar el salmón) siguiendo las instrucciones del fabricante (dependiendo de la marca viene preparada para utilizarla tal cual o más concentrada para mezclarla con sal marina normal).
Colocar los huevos encima de manera que no se toquen entre ellos y cubrirlos por completo de sal ahumada.
Cerrar herméticamente y dejar reposar en la nevera; mínimo un par de días, para un ligero sabor ahumado o más tiempo, para aumentar el sabor.
Transcurrido el tiempo elegido sacar los huevos de la sal (reutilizable) y usarlos de manera normal.

Para los curiosos; este proceso se produce porque la cáscara de huevo es una membrana proteica calcificada que, pese a parecer sólida, es bastante porosa y permite un intercambio tanto de gases (en este caso el aroma ahumado) como de líquidos y microorganismos (por eso es tan importante lavar y secar los huevos de corral lo antes posible tras la puesta, para evitar la salmonelosis).
Este mismo proceso se usa para trufar los huevos (se utiliza trufa picada y no en tanta cantidad, claro, aunque se suelen dejar al menos una semana trufandose, para obtener un aroma ligero). De hecho de ahí es de donde saqué la idea y no entiendo porqué no se puede hacer con otros materiales aromáticos (especias, ajo, café…); tengo que probar!!!

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Huelga general

28 septiembre, 2010

Nota mental para mañana, 29 de septiembre, día de la huelga general:

– Acudir con mi bici a la “Bicicletada durante la huelga” organizada por Ecologistas en Acción, a las 8 de la mañana en Cibeles.
– No buscar curro durante todo el día de huelga, ya que no tengo trabajo, esa será mi forma de parar.
– Acudir a las propuestas de mani que me convenzan, sin bandera y sin pancarta.
– Celebrar la huelga como acto de rebelión y esperanza. Sonreir. No preocuparme por el mañana y ocuparme de el. Cervecita fresca y aperitivos caseros para brindar por el intento.

Mañana yo paro, y participo.

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Galletas saladas de albahaca y tomate
Raciones: 20 ud.

20 gramos tomate seco; picado
20 gramos albahaca fresca; picada
100 gramos margarina
60 gramos queso grana o parmesano; rallado
120 gramos harina
6 gramos levadura; en polvo

Picar muy fino el tomate seco.
Lavar, escurrir y picar muy finas las hojas de albahaca.
En un bol, mezclar la margarina con el queso rallado, el tomate y la albahaca hasta que quede una mezcla homogenea.
Añadir e ir mezclando la harina y la levadura hasta que queden totalmente integradas y podamos formar una bola que no se pegue a las manos.
Tomar porciones y amasarlas formando bolitas que luego aplanaremos con las palmas hasta formar unas galletas rústicas.
Colocar en una fuente de horno engrasada y enharinada.
Hornear a 200º durante 20 minutos.
Enfriar sobre una rejilla y conservar en una lata.

Toda una vida

23 septiembre, 2010

Un buen día, hace ya 17 años, descubrí que llevaba aproximadamente un año sin sentarme a la mesa a comer carne.

En su momento esto tenía su aquel, puesto que era ese más o menos el tiempo que llevaba viviendo con mi compañero de entonces (carnivoro declarado) y encargandome de la cocina. No me había fijado, pero durante todo ese tiempo había estado cocinando de manera que el se comía la carnaza y yo me dedicaba a hacerles los honores a las (cada vez más elaboradas) guarniciones vegetales.

Me dio que pensar, claro; y aunque yo no he sido nunca de mucho comer (con una vez al día suelo tener más que suficiente) y mi metabolismo es más lento que un caracol cojo, me propuse hacer una prueba empirica.

Después de una comilona a base de cocido dominguero en casa de mi má, me sentí como las serpientes cuando se tragan un bicho entero… descubrí que si quería llevar una vida social medianamente normal, tenía que dejar de comer carne o mi quehacer tras la ingesta se reduciría a la pachorra propia de un reptil en el polo.

“Lo mismo es que soy vegetariana”, pensé yo entonces. Pues va a ser que si.

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Crema de verduras al cardamomo
Raciones: 6

200 gramos espinacas
200 gramos calabacín
200 gramos berenjena
150 gramos calabaza
150 gramos zanahoria
150 gramos patata
50 gramos mantequilla
200 gramos nata; líquida, O
leche entera
2 cucharaditas curcuma
1 cucharadita cardamomo, molido
sal
sésamo; crudo

Lavar las verduras.
Pelar patatas, zanahorias, calabaza y berenjenas.
Cortar toda la verdura y ponerla a cocer.
Hervir a fuego medio hasta que estén tiernas.
Escurrir por completo (podemos conservar el caldo de verduras resultante)
Pasar por la batidora las verduras hasta que quede un puré muy fino.
Ir añadiendo la mantequilla, la sal y la nata o leche.
Si queda demasiado espeso añadimos un poco del caldo de cocción.
Añadimos la curcuma y el cardamomo.
Probamos y rectificamos de sal y especias.
Una vez al gusto damos un hervor y servimos caliente.
Presentamos decorado con semillas de sésamo tostadas al momento en una sartén sin aceite.

Esta crema es un plato de aprovechamiento, admite cualquier verdura que tengamos en la nevera, salvo aquellas de sabor muy fuerte (como col, apio, coliflor…), el sabor ha de ser suave, la textura firme y el color agradable. Predomina el gusto al cardamomo.

Otro precedente

22 septiembre, 2010

Tras haber pasado por el proceso en el que unos ciudadanos de a pie se enfrentan y ganan la batalla frente al poder, es complicado no sentirse ufano e ilusionado con que las cosas grandes pueden cambiarse a mejor contando sólo con la razón y el ejercicio de ciudadanía. Siempre nos quedará el buen sabor de boca de ver como la asamblea de La Tabacalera se enfrentó al ministerio de cultura e impidio que una multinacional privada campara a sus anchas en el espacio autogestionado vecinal.

Por fuera Tabacalera puede parecer otro viejo edificio, pero por dentro es mucho más, un gran espacio relleno de vida y cultura popular y desdinerizada.

La guerra es larga y la siguiente batalla se peleará dentro de una semana, en la huelga general; allí nos veremos, si no antes.

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Pimientos verdes rellenos de verdura y queso
Raciones: 4

8 pimientos verdes italianos
1 calabacín, mediano
1/2 cebolla
100 gr de queso semicurado, rallado
sal
aceite de oliva
pimienta

Lavar y limpiar los pimientos eliminando las pipas, haciendoles un corte desde el pedúnculo al pico para poder abrirlos pero sin cortarlos en dos.
Aceitar ligeramente una fuente de horno y reservar.
En un cuenco, rallar el queso y reservar.
Lavar y picar el calabacín; reservar.
Picar media cebolla.
En una sartén con un poco de aceite, pochar la cebolla.
Añadir el calabacín y rehogar hasta que el conjunto esté tierno.
Salpimentar.
Añadir este preparado al bol del queso rallado y mezclar bien.
Con ayuda de una cucharilla, rellenar los pimientos con esta mezcla mientras aún esté caliente y colocarlos, con el corte hacia arriba en la fuente de horno.
Hornear durante 35-40 minutos a 200º, lo suficiente para que los pimientos se asen.

Servir acompañados de patatas fritas o arroz blanco.

Los viejos amigos

14 septiembre, 2010

Pueden pasar años sin verlos, meses sin siquiera hablar por teléfono, semanas enteras sin pensar en ellos, pero con sus propios recuerdos guardan las risas antiguas, los amores (incluso aquellos que al final no fueron tal), los planes de futuro malogrados, la complicidad de cientos de charlas y noches canallas; la esencia.

El tiempo pasa, nos mudamos de ciudad, nos arrugamos, hemos dejado de vernos porque la vida nos trae y nos lleva por caminos distintos… aún así, cuando la vida nos sonrie ellos son los primeros en enterarse, porque sólo hace falta un momento de complicidad para querernos como si nada.

Son pocos, muy pocos, y son los elegidos por el corazón, la verdadera famila selecta y electa.

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Tomates secos

Tomates
sal
sol
una red

Preparar una red que pueda ser colocada tensa sobre un bastidor o una rejilla de horno pastelero que podamos colocar de manera que le entre aire por debajo.
Escoger tomates muy maduros y sin imperfecciones, cuanto más carnosos mejor.
Eliminar el pedúnculo verde y lavarlos muy bien.
Cortarlos a lo ancho y quitar las pepitas y el zumo interior reservandolos para cualquier otro plato (no es imprescindible, pero si no las quitamos corremos el riesgo de que germinen).
Colocarlos sobre la rejilla al sol y salarlos.
Durante el día, dejarlos al sol todo el tiempo posible.
Por las noches, taparlos con un paño limpio y dejarlos donde están si el tiempo en vuestro lugar de residencia es cálido y seco; si no lo es, recogerlos y guardarlos en casa, y sacarlos de nuevo al sol en cuanto salga.
Cuatro o cinco días serán suficientes para que los tomates estén totalmente secos.

Conservarlos en una lata o caja de cartón en un lugar fresco y seco. Se pueden utilizar para realzar el sabor de muchas salsas o, rehidratandolos con aceite y especias, acompañar ensaladas, pizzas, masas de pan….

El silencio dentro

10 septiembre, 2010

Cuarenta largos en la piscina, media hora larga en el agua ocupada solamente en respirar para no morir ahogada, la cabeza vacía por fin; tanto yoga, tanta meditación, tanto alcohol y aturdimiento delante de la tele todos estos años  y al final lo que te calma es respirar para poder dar la siguente brazada.

Y ducharse después en esas duchas comunales sin puertas, rodeada de abuelas desnuditas y anónimas. Tan arrugadas tus manos como las suyas, autenticas pasas. Esos cuerpos, serenos y confiados como solo pueden estarlo entre mujeres, que emergen de sus debilidades al poder hablar a gritos, entre el ruido de las duchas, de sus pequeños logros deportivos.

Salir después a la calle y notar los músculos mientras caminas a paso vivo a casa, el pelo mojado y la música de caminar con ritmo en los oídos.

Placer pequeño y cotidiano.

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Ensalada de lombarda y pasas

Col lombarda
pasas
mahonesa
pimienta
sal (opcional)

Limpiar la lombarda desechando las hojas de fuera hasta llegar a las limpias y sanas.
Cortarla al medio y luego en juliana fina, tan fina como sea posible.
Desechar las partes blancas y duras.
Añadir aproximadamente un puñado de pasas por cada 3 de col.
Añadir una cucharada sopera de mahonesa por cada puñado de pasas; tiene que quedar toda la col impregnada, pero no nadando en salsa.
Añadir la pimienta y la sal (opcinal) y remover bien para que quede homogeneo.

Esta ensalada se puede comer sobre la marcha, pero está mucho más rica si se tapa y se deja reposar al menos cuatro horas en la nevera antes de comerla, mejor aún si se hace de un día para otro.

Los origenes

7 septiembre, 2010


Visitar a mis padres en su guarida del pueblo tiene sus pros y sus contras.

Teniendo en cuenta que ambos están sordos como una tapia, mantener una conversación con ellos se ha convertido en un ejercicio teatral (de esos de proyectar la voz) y de paciencia. Por otra parte mi madre, que ya está en edad de ser una abuela entradita en años, aún se me sube a los árboles a buscar cerezas (y se accidenta, la pobre) y no pilla un chiste ni harta de vino. Y mi Pa, que sabe de sobra que ella es literal, no deja de contarnos historias (de abuelo cebolleta, ya me las se todas) con doble sentido para escandalizarla, pero mi Ma como quien oye llover.

También tiene sus cosas buenas; estar en el campo y poder dar laaaargos paseos en bici o a pata por el monte, comer de vicio sin necesidad de cocinar todos los días (¿he comentado ya que Ma fue cocinera?), desconectar de Madrid, dejarse mimar, trabajar a ratos en la huerta y comer lo que cultivas (es divertido para una urbanita como yo)…

Pero siempre, siempre que vuelvo de su casa, tengo que hacer al menos un día de ayuno… Ma es una autentica “madre nutricia” y en cuanto me oye decir basta, mientras me sirve la comida, me pone un cazo más. ¡Soy vegetariana, Ma, no anoréxica!

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Zarangollo
Raciones: 4

1 calabacín
1 cebolla
1 patata
1 huevo
aceite de oliva
sal
Pimienta opcional

Cortar la cebolla, el calabacin lavado y la patata pelada en dados pequeños, más o menos todos del mismo tamaño.
Pochar un poco la cebolla con un buen chorro de aceite de oliva.
Añadir la patata y el calabacín y dejamos freír hasta que esté todo cocido.
Quitar el exceso de aceite de la sartén.
Batir el huevo, con la sal (y la pimienta opcional) y añadirlo, removiendo mientras se cuaja.
Sazonar y servir caliente.

La única ley a tener en cuenta

6 septiembre, 2010

Esa primera cita a solas con un chaval que me gustaba muchisimo y a mi, la reina del zapato plano, no se me ocurre otra que ponerme unos taconazos del diez, finos, monisimos y además prestados.

Primer bar, primera copa y todo bien, en vertical. Salimos a por la segunda y yo, que iba embobada hablando con él, no veo que se me acaba la acera ni el escalón a la carretera… conclusión: ¿os acordáis de esos dibujos animados en que, de repente un personaje desaparece tragado por un agujero en el suelo marca Acme? Pues eso.

No se me olvidará en la vida la cara de asombro que puso al ver que tras un parpadeo yo ya no estaba allí y oir un quejido lastimero a la altura de sus rodillas. Esgince al canto, mi ego por los suelos (más que yo misma) y cita terminada…

Desde entonces, con él o sin él, ya no soy la misma. He descubierto que la gravedad funciona y que soy muy, muy patosa..

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Magret de pato a la pimienta con puré de castañas y zanahorias glaseadas
Raciones: 2

Magret de pato:
1 magret de pato
sal
pimienta negra; molida

Puré de castañas:
50 mililitros nata; líquida
1 cucharada sopera azúcar
25 gramos mantequilla
100 gramos castañas

Zanahorias glaseadas:
2 zanahoria; tormeada
agua
azúcar
aceite

Para las zanahorias:
Pelamos y torneamos las zanahorias de manera que queden pequeñitas.
Ponemos a fuego lento una cazuela con las zanahorias, agua, azucar y aceite.
Cocemos hasta que el agua se consuma, se terminen de hacer en el aceite y se caramelicen las zanahorias (quedan casi rojas).
Es el proceso que lleva más tiempo, así que es conveniente empezar a cocinar por aqui.

Para el puré de castañas:
Hervir, enfriar y pelar las castañas o usar castañas en almibar, bien escurridas.
Poner a cocer la nata con el azúcar (o no si usamos castañas en almibar) y la mantequilla.
Añadir las castañas limpias y escurridas.
Cocer durante unos minutos.
Retirar y triturar.
Mantener caliente al baño maría hasta el momento de servir.

Para el magret:
Acanalamos el magret por la parte de la grasa, cortando a cuchillo sin llegar a la carne y haciendo un dibujo de enrejado.
Ponemos una sartén limpia, sin aceite, a fuego muy fuerte.
Salpimentamos el magret poniendo la pimienta por la parte de la carne y cubriendolo totalmente (no pasa nada si nos pasamos de pimienta, porque una vez cocinado no molesta en absoluto ni queda demasiado picante).
Lo ponemos en la sartén muy caliente por la parte de la grasa unos 3 minutos y a fuego muy fuerte.
Bajamos el fuego a una intensidad media y cuando esté dorado le damos la vuelta y cocinamos 2-3 minutos más en su propia grasa, salseando mientras tanto.
De esta manera queda el magret muy poco hecho en el interior (es su punto ideal); si los comensales no están acostumbrados o prefieren la carne al punto sacamos de la sarén, fileteamos y pasamos de nuevo vuelta y vuelta los filetes por la sartén

Para presentarlo lo cortamos en filetes, acompañamos con el puré de castañas, salseamos con la propia grasa del pato que ha quedado en la sartén y añadimos las zanahorias glaseadas.

2 elevado a 5

6 septiembre, 2010

Te haces mayor, querido (y a mi lado, lo cual tiene mérito).

Podría decirte alguna cosita dulce, pero ya me conoces; no me gusta nada ponerme moñas… Así que felicidades, cariños y buenas comiditas 😛

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Crema pastelera

1 litro leche
4 huevo
250 gramos azúcar
80 gramos maizena
vainillina
colorante alimentario

Poner la mitad del azucar en 3/4 partes de la leche en un cazo grande y llevar la mezcla al fuego, junto con el colorante y la vainillina.
En un recipiente mezclar el resto de la leche (fría) con la maizena, el azúcar sobrarte y los huevos mezclando con unas varillas de manera que nos quede una textura de papilla líquida.
Cuando rompa a hervir mezclar todo, pero igualando un poco las temperaturas: añadir primero un poco de la mezcla caliente a la fría, integrandola bien antes de hacer la mezcla completa, así evitamos que se hagan grumos o que el huevo cuaje.
La trabajamos para evitar que se agarre mientras vuelve a calentar (tiene que volver a hervir)
La apartamos del fuego en cuanto hierva y seguimos trabajandola. Cuando esté en su punto abatimos rápidamente la temperatura echándola sobre una superficie amplia y fresca (el marmol limpio, una bandeja de horno), hasta que quede a temperatura ambiente.
Recoger y guardar en la nevera hasta el momento de usarla.

Se puede mezclar con chocolate, café, licores, confituras… mientras esté caliente.
Se usa para fondo de tartas, para rellenar pastelitos, volovants, para decorar tartas… En este caso la he utilizado para rellenar unas tulipas de pasta filo, decorandolas con zanahoria en almibar.