Pequeñas diferencias

La diferencia entre la mentira y la ficción es escurridiza.

Ficción es la historia de tú vida que le cuentas a un perfecto desconocido en un tren (¿porqué no fabular con ser otro?), las cosas que cuentas en un medio como este (maquillando el mundo, inventando tu personaje, pequeños cuentos basados en la vida real), las películas que te cuentas en la duermevela y que te dan vidilla (todo irá bien, todo irá bien). Y el amor romántico; sublime ficción creada a cuatro (o seis u ocho…) manos, una categoría nueva de fábula (con moraleja incluida) que consiste en desplazar el eje fuera de nosotros e inventar una razón para vivir que es mucho más que la suma de sus partes.

La mentira es más sinvergüenza, mas evidente; es lo que uno le cuenta a su jefe cuando llega tarde al curro (se nos han pegado las sábanas) y le contamos una rocambolesca historia de trenes detenidos en medio de la nada, de pinchazos en la bici, de neveras que se paran y no dejan de escupir agua deshelada. Es lo que le cuentas a tu pareja cuando te pregunta, con ojillos brillantes “¿En que piensas, querida?” y tú, por no desgranar el caótico guión que teje tu cabeza y que es tan informe y real como el humo del cigarrillo de después, devuelves su mirada, sonríes y dices… “En nada”. O lo que dices a tus padres cuando llegas de mañana a casa, con 17 años, (los churros del desayuno recién comprados para disimular) y aún medio bolinga y les cuentas que es que la cena árabe de ayer te ha sentado mal.

En nuestro descargo diré que, en ambos casos, nuestros interlocutores son conscientes del engaño y nos siguen el juego porque todos jugamos a lo mismo.

Y luego está la realidad, pero ¿quién quiere hacerle caso?

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Fatayer de espinacas
Raciones: 8-aperitivo

250 gramos harina
50 gramos mantequilla
1 sobre levadura; en polvo
250 gramos espinacas
250 gramos de calabacín
1 cebolla; pequeña
2 cucharadas soperas piñones
agua
aceite de oliva
sal
pimienta

Amasamos la harina con dos cucharadas de aceite, la levadura, la mantequilla blanda y 100 ml de agua (aproximadamente), hasta conseguir una masa elástica. Dejamos reposar durante 1 hora.
Lavamos y cortamos las espinacas, rallamos el calabacín, pelamos y troceamos la cebolla y lo salteamos todo en una sartén con un chorreón de aceite.
Agregamos los piñones, salpimentamos al gusto, removemos y dejamos cocer durante 3 o 4 minutos más.
Extendemos la masa, dándole unos 5 mm de espesor, cortamos círculos de unos 4 o 5 centímetros con la ayuda de un vaso o cortapastas.
Vamos poniendo cucharadas de relleno sobre cada uno de los círculos. Moldearemos la pasta con los dedos formando una especie de tricornio.
Precalentamos el horno a 200ºC
Ponemos un trozo de papel de horno sobre una bandeja y colocamos los fatayer cuidadosamente, horneamos durante unos 20 minutos.
Serviremos todavía calientes.
Los fatayer de espinacas se consideran mezzeh “entrantes o aperitivos”, por lo que lo ideal es que vayan de unos cuantos con rellenos distintos.

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2 comentarios to “Pequeñas diferencias”

  1. lasi Says:

    ¿Cena árabe? El clásico era el bocadillo de nocilla.

  2. regimenabierto Says:

    Me lo anoto para cuando tenga una receta con nocilla, corasón 😛

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