Archive for 25 agosto 2010

Pequeños placeres

25 agosto, 2010

Como bien me recordaba Anat hace unos días, la vida está plagada de insignificantes placeres que pueden ponernos una sonrisa en la cara en el momento más insospechado. Hice una lista entonces y voy a ampliarla un poco más ahora:

Me gusta hacer listas y tachar cada cosa cuando ya está hecha.
Me gusta mirar a los hombres desgarbados y olfatear a las mujeres que huelen a vainilla.
Me gusta el otoño.
Me gusta comerme el pico del pan recién comprado.
Me gusta que me señalen los detalles que se me escapan.
Me gusta el mar en todas sus variantes.
Me gusta ponerme reglas chorras y saltarmelas.
Me gusta llegar la primera a una cita y quitarle importancia cuando los demás llegan tarde y se excusan por hacerme esperar.
Me gustan tanto las palabras con doble sentido como el silencio cuando no hay nada inteligente que decir.
Me gusta que Javi me llame macarra, que Alfredo me llame ¡rubia! y que Luís me llame Marilyn
Me gustan los problemas porque la gracia está en buscar soluciones.
Me gustan las frambuesas.
Me gusta que a los que quiero les guste mi sonrisa.
Me gusta la sensación de quedarme dormida mientras escucho o leo una historia.
Me gusta hablar muy bajito cuando alguien me grita.
Me gusta comerme las zanahorias dejando el corazón dulce para el final.

Pero no me gusta demasiado que la gente me conozca, así que no se muy bien porque escribo esto.

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Mermelada de zanahoria

400 gramos zanahorias
1 limón
100 gramos azúcar
cardamomo; molido

Limpiar y pelar las zanahorias.
Ponerlas a cocer en una cazuela hasta que estén tiernas.
Escurrir bien y pasar por la batidora.
El puré obtenido se coloca de nuevo al fuego con el zumo del limón, cardamomo molido al gusto y la ralladura de medio limón.
Añadir el azúcar y cocer el conjunto hasta que la mermelada coja consistencia, removiendo de vez en cuando.
Se puede comer entonces, fría o caliente, o hacer conservas caseras.

Para hacer conservas llenar los tarros (bien limpios) hasta dos centimetros del borde, los cerramos bien y los cocemos al baño maría durante 30 minutos. Dejar enfriar, etiquetar y guardar en la despensa.

Se consume fría como acompañamiento de pan tostado o bollería, o caliente como guarnición de platos de carne, caza, foie o magret de pato.

Aún no hablo con siglas…

22 agosto, 2010

Después de tantos años viviendo en pareja me doy cuenta de que se leer un mapa, conozco el apellido del creador de Linux, entiendo algunos (gracias a dios no todos) chistes matemáticos complejos, soy capaz de calcular con una cierta facilidad si un número es primo o no (y, ¡oh, cielos!, me divierte)…

Además tengo respuestas hirientes a la par que ingeniosas para muchas situaciones vitales, he encontrado maneras de cocinar las verduras para que un carnivoro disfrute con ellas y ya no tropiezo con mi sombra cada dos por tres…

Creo que hay gente que piensa que es la evolución normal cuando se vive en pareja, eso de desarrollar habilidades desconocidas; pero a veces, cuando me encuentro a mi misma pegandole al saco de boxeo (SU saco, tendría que decir), empiezo a preocuparme

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Pastel de queso y puerros
Raciones: 5

300 gramos puerro
100 gramos queso Idiazábal
0.5 litro leche
100 gramos miga de pan
4 huevos
aceite de oliva virgen extra
sal
pimienta

Lavar y cortar los puerros en trozos de 3 o 4 cm.
Cocerlos hasta que estén blandos, escurrirlos bien y volver a cortarlos, esta vez muy finamente.
Rehogar unos minutos con un poco de aceite.
Poner la leche a calentar y, antes de que rompa a hervir, añadir la miga de pan y remover bien.
Se deja enfriar un poco y se vierte sobre los puerros rehogados.
Añadir el queso previamente rallado, los huevos batidos como para tortilla y salpimentar al gusto.
Mezclarlo todo muy bien.
Verter la mezcla en un molde previamente engrasado y meter en el horno precalentado a 200º, dejándolo hasta que el pastel suba y se dore.
Se puede tomar caliente o del tiempo, acompañado de cualquier ensalada.

Nota mental

12 agosto, 2010

Hacer una prueba de cocina en un restaurante de verdad puede llegar a ser muy divertido. Pero hay que tener en cuenta una serie de puntos básicos para que además sea efectivo

.- No hay que ir a una cocina profesional como se va a la cocina de casa. No sabes donde está nada y qué tienen exactamente en las cámaras… así que olvidate de preparar un bisqué de cangrejo, poque es muy muy probable que tu prueba no sea justo en la época en que los cangrejos que van a morir, te saludan.

.- No tienes tiempo para preparar un plato que requiera 3 horas de horno… y seguramente ni siquiera tengas un horno a tu disposición. Olvidate de la pata asada, y más si el cerdo está aún vivo y te mira a los ojos buscando el indulto…

.- Tiene que estar bueno superbueno, pero ten en cuenta que a lo mejor ni siquiera lo prueban; sobre todo tiene que quedar superbonito. Olvidate de los espaguetis de calabacín… esa masa informe tiene pocas posibilidades de quedar bonito de restaurante, a pesar de lo ricos que están.

.- Antes de darle el toque final a tus platos y presentarlos la cocina tiene que quedar como si tu no hubieras pasado por ella. Busca platos que te den margen de tiempo para limpiar sobre la marcha. Nada de preparar unos mejillones tigre que lo dejan todo empantanado; además para quitarte la plasta de harina huevo y pan rallado de las uñas (por muy cortas que las lleves), hay que hacer un master…

Resumiendo: lo mejor es elegir un plato con un nombre supermegalargo y rimbombante que requiera pocos procesos y quede vistoso.

En cualquier caso, no es que esta vez haya hecho nada de eso … noooooo. Pero no está de más olvidarlo.

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Milhoja de calabacín con  solomillo de cerdo ibérico, cebolla confitada y queso brie
Raciones: 4

600 gramos solomillo de cerdo
2 calabacin
1 cebolla
pimientos de piquillo
150 gramos brie
pimienta blanca; molida
aceite
sal

Cortar la cebolla en juliana y ponerla a confitar en una sartén con un chorro generoso de aceite; 10 minutos de fuego fuerte y 20 de fuego suave. Durante ese tiempo hacemos el resto de los procesos.
Cortar el calabacin en rodajas de medio centímetro. Salar.
Dorar en la sartén y reservar.
Cortar el pimiento en tiras.
Cortar el brie en láminas de medio centimetro.
Cortar el solomillo en medallones finos, salpimentar y pasar por la sartén vuelta y vuelta.
Montar el plato en una fuente de horno individualmente, como pinchos:  una capa de calabacín + cebolla confitada + solomillo + calabacin + pimientos de piquillo + queso brie pinchado con un palillo.
Gratinar y servir.

Acompañar con patatas panadera.

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Confitar la cebolla.

Pequeñas diferencias

9 agosto, 2010

La diferencia entre la mentira y la ficción es escurridiza.

Ficción es la historia de tú vida que le cuentas a un perfecto desconocido en un tren (¿porqué no fabular con ser otro?), las cosas que cuentas en un medio como este (maquillando el mundo, inventando tu personaje, pequeños cuentos basados en la vida real), las películas que te cuentas en la duermevela y que te dan vidilla (todo irá bien, todo irá bien). Y el amor romántico; sublime ficción creada a cuatro (o seis u ocho…) manos, una categoría nueva de fábula (con moraleja incluida) que consiste en desplazar el eje fuera de nosotros e inventar una razón para vivir que es mucho más que la suma de sus partes.

La mentira es más sinvergüenza, mas evidente; es lo que uno le cuenta a su jefe cuando llega tarde al curro (se nos han pegado las sábanas) y le contamos una rocambolesca historia de trenes detenidos en medio de la nada, de pinchazos en la bici, de neveras que se paran y no dejan de escupir agua deshelada. Es lo que le cuentas a tu pareja cuando te pregunta, con ojillos brillantes “¿En que piensas, querida?” y tú, por no desgranar el caótico guión que teje tu cabeza y que es tan informe y real como el humo del cigarrillo de después, devuelves su mirada, sonríes y dices… “En nada”. O lo que dices a tus padres cuando llegas de mañana a casa, con 17 años, (los churros del desayuno recién comprados para disimular) y aún medio bolinga y les cuentas que es que la cena árabe de ayer te ha sentado mal.

En nuestro descargo diré que, en ambos casos, nuestros interlocutores son conscientes del engaño y nos siguen el juego porque todos jugamos a lo mismo.

Y luego está la realidad, pero ¿quién quiere hacerle caso?

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Fatayer de espinacas
Raciones: 8-aperitivo

250 gramos harina
50 gramos mantequilla
1 sobre levadura; en polvo
250 gramos espinacas
250 gramos de calabacín
1 cebolla; pequeña
2 cucharadas soperas piñones
agua
aceite de oliva
sal
pimienta

Amasamos la harina con dos cucharadas de aceite, la levadura, la mantequilla blanda y 100 ml de agua (aproximadamente), hasta conseguir una masa elástica. Dejamos reposar durante 1 hora.
Lavamos y cortamos las espinacas, rallamos el calabacín, pelamos y troceamos la cebolla y lo salteamos todo en una sartén con un chorreón de aceite.
Agregamos los piñones, salpimentamos al gusto, removemos y dejamos cocer durante 3 o 4 minutos más.
Extendemos la masa, dándole unos 5 mm de espesor, cortamos círculos de unos 4 o 5 centímetros con la ayuda de un vaso o cortapastas.
Vamos poniendo cucharadas de relleno sobre cada uno de los círculos. Moldearemos la pasta con los dedos formando una especie de tricornio.
Precalentamos el horno a 200ºC
Ponemos un trozo de papel de horno sobre una bandeja y colocamos los fatayer cuidadosamente, horneamos durante unos 20 minutos.
Serviremos todavía calientes.
Los fatayer de espinacas se consideran mezzeh “entrantes o aperitivos”, por lo que lo ideal es que vayan de unos cuantos con rellenos distintos.

Oh, ingrato

7 agosto, 2010

Mirarse en al espejo puede ser una experiencia agotadora o sencilla y cotidiana, todo depende del café de la mañana.

Porque hay días que una se mira y no reconoce su cara en el espejo, los ojos que nos miran no son, no pueden ser, los nuestros. No hay brillo, no hay color, somos en blanco y negro; o peor aún, en sepia. Hay días en que el melón oval que nos contempla con los ojos tapiados, la boca cosida y las orejas taponadas no tiene nada que ver con quien somos; como si fuera una máscara fija. En esos momentos parece que lo único que nos une a ese ser informe es el hecho de que respira a nuestro ritmo, que hace muecas imitando nuestras bobadas intimas enfrente del espejo.

Otras veces ni siquiera nos vemos cuando nos miramos; sólo comprobamos que la imagen reflejada tiene todo lo que se supone que tiene que tener y seguimos adelante con la vida.

Hay momentos, sin embargo, que nos vemos reflejados con todos los matices, con todo lo que hemos sido y lo que queremos ser. Esos son los que nos impulsan a seguir con la costumbre de mirarnos, a ver si por casualidad nos encontramos.

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Crema de melón y puerros
Raciones: 4-5
500 gramos melón
200 gramos puerros
300 gramos patatas
1 litro agua o caldo blanco
1 cebolla
1 decilitro nata líquida
Aceite oliva
sal
mantequilla

Pelar y cortar el melón en dados pequeños.
Limpiar los puerros, desechar la parte más verde y cortar en rodajas la parte blanca.
Pelar y trocear la cebolla y las patatas.
Calentar un poco de aceite y de mantequilla en una cazuela.
Agregar los puerros y la cebolla y sofreírlos a fuego medio unos minutos, vigilando que no cojan color.
Incorporar las patatas y el melón y rehogarlos un par de minutos.
Cubrir con el agua o caldo.
Llevar a ebullición y cocer durante 20 minutos.
Salar si es necesario.
A continuación añadir la nata líquida, dejar que arranque de nuevo el hervor y apartarlo inmediatamente del fuego.
Dejar que se enfríe un poco y triturar. Pasar la crema por el chino para que quede bien fina.
Reservar en la nevera y servir bien fría, acompañada picatostes o un poco de melón rallado.

Sin ánimo de ofender

1 agosto, 2010

Mire usted, señora: vaya por delante que yo a usted no la conozco y no puedo entender sus circunstancias, pero, dicho sea con todos mis respetos… ¡Métase sus creencias donde le quepan!

¿No se da cuenta de que voy con los cascos puestos por la calle, entre otras razones, para evitar charlas como esta? Ya, ya se que es domingo por la mañana, pero tal vez si usted me mira con detenimiento se dará cuenta de que no estoy yendo a misa de ocho.

Ah, así que sí me ha mirado y, tras echar un vistazo a mi tatuaje y a mi pinta de no haber dormido mucho, ha decidido que hoy, precisamente hoy, ha encontrado un alma susceptible de ser salvada; la mía, para ser más precisos…

Desengañese señora… ¡No quiero ser salvada! Y es que no creo que haya nada de lo que salvarse. Pero usted sigue y sigue… Ya, ya se que usted cree que aún así dios me ama, ¡pero es que él no es mi tipo!. ¡Si hasta el pan nuestro de cada día lo hago yo misma…!

Le propongo un trato. Verá, algún día ambas estaremos muertas y entonces pueden ocurrir dos cosas: o bien tiene usted razón y hay vida más allá de la muerte, en cuyo caso tendrá usted (tal como manda la tradición de su fé) toda una eternidad para recordarme lo muy equivocada que yo estaba (usted gana y tendré que rendirme a la evidencia) o bien todo se termina entonces, con lo cual usted no se enterará (aunque habrá muerto con la convicción de que, en unos instantes podrá empezar a salvar mi alma). En ambos casos usted puede tener la conciencia tranquila, que es a fin de cuentas de lo que se trata ¿no?.

No puede perder, es un trato inmejorable… ¿Qué le parece? ¿Nos vemos en la otra vida?… ¡Genial entonces!, ahora cállese y déjeme disfrutar de mi domingo.

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Pan de aceite
Raciones: 10

0.5 Kilo harina
0.5 Kilo harina fuerte
0.5 litro agua
80 gramos aceite de oliva
80 gramos levadura; prensada
20 gramos sal

Amasar todos los ingredientes hasta que se sequen, es decir hasta que no se peguen a los dedos o a las paredes del robot (dependiendo de si la hacemos a mano o a máquina).
Apretar la masa y dejar reposar unos 10 minutos.
Dividir la masa en 10 raciones iguales y dar forma de barritas, hacierdo unos cortes superficiales diagonales para que la masa rompa por allí al fermentar,
Colocar en la placa del horno enharinada; tener en cuenta que las barras duplicarán su volumen, así que darles suficiente espacio para que no se peguen entre sí.
Poner a fermentar durante 45 min – 1 hora, cubriendo la placa con un paño limpio y húmedo, en un lugar cálido (que esté a unos 30 º C).
Hornear 10-15 min a 180º dándole la vuelta a la placa a mitad de cocción para que se dore por igual.

Esta es una masa base de pan para aperitivos; podemos añadirle, cuando ya la masa esté hecha y justo antes de ponerla a reposar, hasta 100 gramos de cualquier producto seco (espinacas cocidas y escurridas, hierbas o especias, ralladura de zanahoria, pasas, bayas de goyi…) y personalizar, así, la masa a nuestro gusto, dependiendo del uso que le queramos dar.