A la fresca

Cuando la economía de guerra no nos permite salir de Madrid en verano, hay que buscar la manera de sobrevivir en una ciudad en la que, con cuarenta grados a la sombra ( y el cerebro en coma táctico mientras hay sol) te sudan hasta las uñas.

Nuestra salvación es la terraza chil-out que nos hemos montado reciclando unos cuantos palets que encontramos en la calle y que nos permiten salir a cenar a la fresca, tomarnos unos helados o unas cervezas, mientras preparamos el próximo plan maestro para dominar el mundo.

Este año ya no es lo mismo; nuestros vecinos de enfrente (sí, esos que salían en bolas a broncearse y que cuando se iban de vacaciones sacaban a su terraza un display con forma de personas tomando el sol, para despistar a los cacos) han vendido la casa y se han mudado. Era una pareja muy majeta; de hecho no llamaron a los bomberos aquella vez que intentamos hacer una barbacoa y las llamas alcanzaron proporciones nerónicas. Cuando vieron que, aunque teníamos las cejas quemadas, nadie iba a salir herido más que en su orgullo, empezaron a tomarnos el pelo pidiéndonos la receta…

No hemos ganado con el cambio; los nuevos son de esos que, con la excusa futbolística, han cambiado la bandera arcoiris de los anteriores por una, rancia y sin gracia, bandera española (y me temo que se va a quedar fija, a estos si que se les ve el plumero) y se han comprado una tele gigante que intentamos evitar ver desde nuestro pequeño refugio anti-todo.

Vale que con su actitud nos dan pie a mantener el nivel de indignación adecuado para no decaer en nuestro empeño de dominar el mundo (desde la tranquilidad de nuestras tumbonas), pero me temo que nos van a dar menos alegrías (al menos de las visuales).

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Helado de limón
Raciones: 4-6

250 mililitros zumo de limón
200 gramos azúcar
250 mililitros agua
2 claras
Hierbabuena, picada muy fina

En un cazo, poner el agua y el azúcar.
Hervir durante 3 minutos. Apartar y reservar.
Exprimir los limones y picar la hierbabuena muy fina.
Una vez que el almíbar este frio, mezclarlo con el zumo de limón y la hierbabuena.
Introducir la mezcla en el congelador y, cuando esté medio congelado, montar las claras de huevo y mezclar con cuidado de que las claras no bajen.
Se vuelve a meter al congelador y se le da una vuelta una hora después, para acabar de mezclar bien.
Se puede servir tal cual o decorado con hojas de hierbabuena o con ralladura de limón, para los más atrevidos

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